UNA FORTALEZA SIN TENER QUE RESISTIR ASEDIOS

 


Bendecidos los días de su infancia

(donde nuestro mayor miedo

es nuestra sombra pegada a los pies),

recordó el sabor que el Sol disponía.


No había lugar hacia la malicia

(no cabía en su diccionario,

ni nada que se le pareciese),

por lo que rememoró la vida.


Y esta no es que fuera pura.

Simplemente, no tenía residuos

con los que habría de contaminarse.


Menos algo que lo detuviese,

o que resultara los estorbos

que suelen tomar su forma.


Resultaron ser fortaleza

sin tener que resistir asedios:

fueron frescura por ser afluente.












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