La reaparición de Frank Grimes



Cinco fueron los meses. Cinco prácticamente doblando turno en el Badulaque regentado por Apu. Y en todo ese tiempo un reconcome no cesaba de atormentarle. ¿Dónde estaría? ¿Qué fue de él? Pese a ello, los siete años que pasó internado en el psiquiátrico de Springfield casi hicieron que le olvidara. Pero algo había que, irremediablemente, lo llevaba al que, en su momento, consideró artífice de su perdición.

Sería que, durante la escasa hora libre de la que disponía, se plantara ante la entrada del Bar de Moe. Desde ahí, mediante lo poco que dejaba atisbar la ventana llena de mierda, lo distinguió. Y eso le partió el corazón. Pese a todo el odio que llegara a sentir en su día... la escena que delante tenía quebró su alma hasta unos confines que ni imaginaba.

Por eso titubeó. Dudó en abrir la puerta y traspasarla. Sobre si tenía la necesaria fuerza de voluntad con la que soportar todo aquello. Aun así, lo hizo. Y en miedo de todo aquel aroma a moho putrefacto mezclado con el alcohol que llevaba décadas presente... el agradable aroma del café recién hecho le atrajo. Directo, tal si fuera una aguerrida mano que lo arrastrara, terminó plantado ante un fornido varón.

- Creo saber quién eres - le dijo el individuo nada más tenerlo a su vera -. Hace unos años no te habría reconocido. ¿Eres Frank, verdad? El mismo Grimes que decían que palmó electrocutado...

Volvió a vacilar. Creía conocer a aquel tipo... pero estaba tan cambiado... si era la persona que pensaba... la única explicación a esa melodiosa voz era que había dejado el alcohol. Por lo tanto, llevaba en sí una tremenda batalla que terminaría acompañándole hasta el final de su trayecto.

- Barney... eres tú... - susurró Grimes -. ¿Cómo...? ¿Cómo es posible esto? ¿Qué es lo que le ha llevado a Homer a semejante... lo que sea?

Pero le hizo un gesto con tal de que no contestara. Y acabó volteándose hacia la mesa de billar. Allí, en su superficie (y con una jarra de cerveza por la mitad), el mayor de los Simpsons bailaba ante los aplausos de los parroquianos. Estos le animaban. "Parece un mono de feria que sólo les sirve de divertimento", susurró.

- Así es - comentó Barney en voz baja -. Estará así hasta que pierda el sentido. Entonces, entre Moe y yo le meteremos en mi coche y lo llevaré al piso que compartimos.

- ¿Cómo? ¿Qué quieres decir con que compartís piso? ¿Y su familia?

- Es una larga historia. Pero el señor Burns tiene mucho que ver el ello. Es alguien sin corazón. Un auténtico cabrón. Hizo pensar a la gente que habías muerto. No le interesaba que se supiera que estabas ingresado. Le salía más rentable pagar una multa por tu defunción. Así que, con todos los abogados que lo rodean, creó esa estrategia. Y prejubiló a Homer. Nunca... nunca ha sido capaz de superar tu supuesta muerte.

- No tiene sentido. ¿Cómo ha acabado así?

- A los dos años Marge terminó por pedirle el divorcio. Y se mudó con los niños a otro pueblo. No pudo soportar el muñeco de trapo en el que se convirtió su marido. Y, en el fondo, la comprendo. Fue lo mejor para todos ellos. Incluso Homer es de la misma opinión. Pero eso no quita que sea incapaz de llevar toda la carga a modo de mochila que lo maniata.

En cuanto finalizó de decírselo, le pasó el café que el camarero acababa de preparar. "Toma; bébetelo y trata de respirar", prosiguió.

- Poco tardará en desmayarse y lo llevaré a casa. Dormirá toda la noche. Mañana se levantará igual que una mierda, pero podrás ir a verle. Tardará... tardará en comprender todo... pero más vale tarde que nunca. No creo que recupere su familia, ni su vida... pero siempre cabe la posibilidad de que empiece de cero.

- ¿Y tú? ¿Cómo llevas vivir con él?

- Qué quieres que te diga... es duro. Es muy duro verle de esa manera. Pero sigue siendo la misma persona. Es igual de adorable y con ese buen corazón que siempre le ha caracterizado. Por muy burro y atolondrado que sea. Y ahora que estás aquí... podremos poner fin a toda esta... pesadilla.

- Comprendo...

- Pero lo primero es lo primero. Ya veremos luego qué hacer respecto a Burns y su séquito. En esta ocasión, sus acciones han pasado de castaño a oscuro.

- ¿Qué es lo que tienes en mente?

- Pues no lo sé, aunque pienso tomarme este café con mucha calma. Pero algo me ronda por la cabeza.

- ¿Y qué es?

- Todavía no te lo puedo decir. Aunque también va siendo hora de que Abe le eche una buena bronca a Homer.

- ¿Te refieres a su padre?

- Sí.

- ¿Sigue vivo?

- Y tanto. Ya sabes el dicho: "mala hierba nunca muere". Y que conste que lo digo con cariño.

- Vale. Entonces sólo nos queda esperar a que Homer termine desmayándose.

- Exacto.


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