SU CÍRCULO PARTICULAR
Con la voz gastada
por la fricción del tabaco,
y de la bebida,
tendía a maldecir la suerte
de sus batallas constantes.
Le solía temblar el pulso,
sobre todo en el alba (al levantarse).
Calmándose, apretaba sus manos
y después un cigarro fumaba
con un más que oscuro café.
Y volviendo a maldecir su suerte
salía a las calles abarrotadas
buscando llegar a su trabajo.
Replicaba los días de forma constante
hasta formar un círculo.
Terminaba el curro
y marchaba directo al bar.
Con suerte, quizás follara,
pero la botella solía ser su compañero.
Y luego el regreso
en zigzag a su tierno hogar.
Ahí, la cena con cervezas
eran el dulce abrazo hasta conseguir el sueño.
Y con la mañana
todo le parecía seco:
lo que llegar habría,
aquello que no sintiese
o lo tenido delante.


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