AL CONTEMPLAR LOS CIELOS TEÑIDOS DE ROJO
Si el cielo se tiñera de rojo...
tendría tonos del carmesí
mezclados con los de los paisajes
que lo observarían desde el interés.
Si los cielos fueran del rojizo...
tendría el calor del frenesí
mezclado con el de la ferviente
danza bailada en las intemperies.
Si contemplamos los cielos teñidos de rojo
imaginaremos un tinte natural
en el que no coopera la suerte.
Si contemplamos los cielos vestidos con rojo
sentiremos el raro fluir de la magia
sin que lo apremiado participe.


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