El ejercicio propuesto en hora y media de clase
La puerta del aula fue abierta despacio. Y esto permitió escuchar el característico sonido de las desgastadas bisagras. A través de ella apareció la figura de una mujer de unos 45 años. Era morena. Con una rizada melena que rozaba su cadera. Vestía una falda vaquera que le llegaba hasta las rodillas. Además de unas oscuras botas que casi las alcanzaban mientras su negra camisa tenía desabrochados los dos primeros botones. Ello formaba un triángulo invertido que, ligeramente, dejaba atisbar el busto escondido bajo la prenda.
Recortando los cinco metros que había hasta él, caminó hasta el escritorio. Una vez allí, dejó la carpeta sobre la mesa. Pero optó por no sentarse en la silla; rodeó el mueble hasta colocarse en su parte delantera. Dando un pequeño impulso, se acomodó encima y cruzó las piernas. Sus oscuras, y gruesas, cejas resaltaban con el tono café de su piel. Y esto hacía que los ojos marrones que observaban a los alumnos fueran más profundos. Sus pómulos podían distinguirse por la finura de su delgado rostro. Y no, no daba la impresión de ser una persona frágil. Era todo lo contrario: irradiaba una tremenda fortaleza.
- En el día de hoy, en esta hora y media que tenemos por delante, quiero proponeros un ejercicio - dijo sin dar los buenos días. Fue directa al grano.
Los estudiantes no dijeron nada. Formaba parte del trato que habían hecho al comenzar el curso. Nadie hablaría a no ser que fuera preguntado. Y en caso de tener alguna duda, sus cuestiones serían resueltas en el despacho. Nunca en clase.
- Bien, ¿qué supone para vosotros la escritura? ¿Cuál creéis que es su función en la sociedad actual?
Nadie dijo nada mientras analizaba la reacción de cada uno. Guardó silencio. Parecía estar interiorizando las expresiones de sus alumnos. "¿Os dice algo el nombre de Anthemius de Nóvgorod? ¿O de Onfim?".
Nada. Todos permanecieron callados. Pero sus gestos delataban sorpresa. No sabían de qué les estaba hablando.
- Bien, pues habéis de saber que vamos a retroceder hasta el siglo XIII. En concreto, a un pueblo de la Rus medieval que tiene el mismo nombre que os he comentado antes: Nóvgorod.
Los jóvenes estaban perplejos.
- Lo que os voy a proponer es lo siguiente: necesito que hagáis una redacción. Y en ella, el protagonista será un crío que tendrá 6 o 7 años. ¿Habéis entendido?
Sus rostros reflejaban afirmación.
- Esto es lo que a continuación debéis saber. Esa zona es rica en abedul. Tanto que, en aquella época, los comerciantes y artesanos usaban su corteza para llevar las cuentas de sus negocios. Incluso la utilizaban en las escuelas. Con ese método lograron una increíble tasa de alfabetización.
"Y he aquí que viene lo curioso. En el tema del colegio, los escritos con los que aprendían las lecciones eran abandonados. Y ese es el caso de lo que podría haber pasado con los de Onfim... o Anthemius...
"Fueron encontrados a mediados del siglo XX. Y al principio no le dieron mucha importancia. Pero no fue hasta hace poco que descubrieran su valor. Onfim dejó escritas 17 tablillas. 12 combinan texto y dibujos; en los otros sólo hay escritos.
"Con ellos han podido comprobar cómo enseñaban en esos días. Además de poder observar el poder de la imaginación de un niño de esa edad y tiempo. Firmaba con su nombre pareciendo querer dejar clara su autoría. Incluso algunos los dirigía a un amigo: Danilo.
"¿Hasta aquí todo bien?".
Ante esto, todos los asistentes volvieron a guardar silencio. Y sí, sus gestos delataban la comprensión hacia lo expuesto hasta ese momento. Entonces, y tras volver a analizar sus reacciones, la profesora prosiguió.
- De acuerdo. Esto es lo que vais a hacer. Vamos a entrar en detalles con todo este asunto. Y como es vuestra obligación, buscaréis más información al respecto fuera de clase. Lo que quiero que hagáis es que, en una redacción, escenifiquéis un día en la vida de Onfim. Y esta ha de tener incluida la forma en que deja abandonadas las tablillas. O las pierde. Eso depende de vosotros.
"¿Habéis comprendido? - volvió a estudiarlos nada más comentar esto -. Bien, perfecto. Entonces, pongámonos manos a la obra y estad atentos".
***
(El siguiente texto evoca el contenido de una de las redacciones que le fue entregada a la docente):
Danilo se había ido hacía una semana. Y, de vez en cuando, Onfim miraba su pupitre vacío. Por primera vez en su vida experimentaba lo que era el echar de menos a alguien. Desde que comenzaran el colegio siempre habían estado juntos. Eran inseparables. Y en aquel momento, mientras el profesor daba la lección, en medio del dictado dibujaba una figura siendo él un aguerrido caballero.
Su intención era regalárselo a Danilo. Le dijeron que él y su familia marcharon durante una temporada a una aldea cercana. Era por el trabajo del padre. Que estarían los cuatro meses que quedaban del curso para después volver. Pero hasta entonces debería aguardar con paciencia. Entonces, cuando regresaran, compartirían todas las aventuras vividas durante el tiempo que estuvieran separados.
Pero de lo que el muchacho no se percataba era que su profesor no le quitaba los ojos de encima. Aunque fuera con disimulo. Y es que con sus padres había acordado no decirle nada al muchacho. O por lo menos por ahora. Ya encontrarían el instante adecuado.
Sí, los progenitores de Danilo abandonaron la aldea, pero no el joven. Este falleció repentinamente a causa de unas extrañas fiebres que se lo llevaron en apenas un par de días. Y mientras tanto, ignorando toda la conmoción que a su alrededor reinaba, Onfim seguía con su vida a la par que intentaban que no notara lo que sucedía.
El padre de Danilo era un conocido alfarero. Uno de los mejores de la zona. Tomó la decisión de dejar todo atrás ante la impotencia que sentía al ver los lugares por los que hasta entonces su hijo había correteado. Y esta fue apoyada por su mujer. Aunque el maestro sospechaba que fue idea de ella. Y esta estaba en todo su derecho.
Esto le rondaba por la cabeza mientras lanzaba el dictado. Y así, observando como estaba al crío, le sorprendía que fuera capaz de apuntar lo dicho a la par que, en cuanto tenía la menor oportunidad, dibujaba las figuras. Y lo hacía tratando de disimular. Parecía sentirse muy orgulloso de sus creaciones. Y de su pericia esquivando miradas inquisitivas. Además, desde que aprendió a firmar sus obras y trabajos sacaba pecho por ello. "Mira, esto lo he hecho yo y nadie más", parecía decir.
Pero tenía que pararle los pies. Onfim debía poner toda su atención en la lección. Así que fue con disimulo donde él y colocó la regla sobre la mesa. "Para, ponte a hacer lo que te corresponde", le dijo. Onfim se puso colorado al verse descubierto. "Quedan cinco minutos de clase, después podrás seguir con ello. Ahora, presta atención", le ordenó dándole un pequeño tirón de orejas. El chico intentó quejarse, pero una mirada fulminante del profesor detuvo su acto de rebeldía. "No protestes".
Tras esto, siguió con lo que estaba haciendo sin dejar de mirarle. Y el muchacho lo notaba pese a tener la cabeza gacha. Continuó escribiendo hasta que el profesor puso punto final a la jornada. "Bien, por hoy es suficiente. Podéis iros", exclamó para a continuación sentarse en la silla que estaba detrás del escritorio. Y comenzó a contemplar el bosque a través de la ventana. "Onfim, antes de irte... ven un momento".
El chico, aunque cauteloso, obedeció. "Echas de menos a Danilo, ¿verdad?", quiso saber. Aunque de sobra conocía la respuesta.
- Sí, maestro, así es.
- Voy a proponerte una cosa.
- ¿Qué cosa?
- ¿Ves ese árbol de ahí? ¿El que es el más grande de todos.
- Sí, señor maestro, lo veo.
- Bien, quiero que todos los dibujos que le haces a Danilo los guardes en él. Ahí estarán seguros. Yo me encargaré de vigilarlos. Será como una especie de tesoro. Cuando vuelva podrás enseñarle el botín que has acumulado durante todo este tiempo.
- ¿En serio? ¿De verdad me dejará hacerlo?
- Sí. ¿Por qué no? Pero has de prometerme una cosa
- ¿Qué cosa?
- Que, pase lo que pase, no dejarás de hacerlo.
- No le entiendo, señor maestro. ¿Qué quiere decir?
- Tranquilo, estate tranquilo. Y ahora, hazme caso y deja allí todos los que tengas encima. Yo los cuidaré. Te puedo asegurar que nadie se los va a llevar.
- ¿Puedo hacerlo ahora?
- Claro, por supuesto. ¿A qué estás esperando?
Nada más oír esto, Onfim salió corriendo del aula. "Para, espera, ¿no te olvidas de algo?", le frenó.
- ¿De qué?
- De despedirte.
- ¡Ay, sí! ¡Hasta mañana, señor profesor!
- Hasta mañana.
En cuanto salió por la puerta, el hombre sintió una punzada en su estómago. También en el corazón. Y rompió a llorar. Rebuscando entre las pocas fuerzas de las que disponía, se levantó y abandonó sigilosamente el aula. Dio la vuelta al edificio y vio cómo Onfim llegaba al árbol señalado. La forma en que cogía madera y musgo con tal de proteger las tablillas. Cómo las cubría con delicadeza. Entonces, escuchó un silbido. Sabía quién lo había realizado. Era el padre del muchacho llegando a buscarle.
Distinguió su figura a lo lejos. Y comprendió. Entendió que el hombre eligió el momento de vuelta a casa para explicarle lo sucedido. Y este también supo de su presencia. Se miraron. Y adivinó que sabía de sus intenciones. Saludándole con la mano, cerraron una especie de pacto secreto. Lo duro le correspondería a él. Su parte llegaría al día siguiente, cuando Onfim estuviera en clase.
Nada más verlo, el chiquillo se abalanzó sobre su padre, quien abrió sus brazos de par en par dándole la bienvenida. A continuación, lo colocó sobre sus hombros e iniciaron el camino de regreso a casa. Levantando su brazo derecho, y estando de espaldas, se despidió del profesor.
***
La mujer volvió a examinar a sus estudiantes. Estaban callados. Atentos.
- Bien. Antes de hacer la redacción quiero que tengáis en cuenta varios aspectos más. Lo sorprendente de este caso es que, en esa zona, la escritura parecía no estar reservada a unas élites. Es decir; la nobleza y la iglesia no serían sus únicos poseedores. Sus únicos señores.
"Y la otra es la humedad. Después de desechar las tablillas, todo indica que esta fue la que hizo que pudieran conservarse. Así que, ahora os toca a vosotros. Vuelvo a plantearos las cuestiones del principio de la clase: ¿Qué supone para vosotros la escritura? ¿Cuál creéis que es su función en la sociedad actual?
"Bueno, y tras toda esta perorata, creo que va siendo hora de dejaros. Quiero que me mandéis los trabajos por correo electrónico. Su fecha límite es el momento en el que demos comienzo la próxima clase. Todos los que sean enviados después estarán suspendidos automáticamente".
La mujer suspiró. "Si tenéis alguna duda, ya sabéis dónde podréis encontrarme". Tras decir esto, bajó de la mesa al piso con un saltito. Cogió su carpeta y abandonó el aula con el mismo ritmo pausado que entró.


Comentarios
Publicar un comentario