El "Friday the 13th" de 1980
Mucho más que una simple persecución a la fogosidad juvenil
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| filmaffinity.com |
02/III/2026
10 películas. Más el "crossover" junto a Freddy Krueger y un reinicio pretendiendo volver a poner sobre la mesa a la saga. Observando esto, y tras visionar el "Viernes 13" de 1980, resulta sorprendente que Jason Voorhees erupcionara con tanta fuerza en la cultura popular.
Más teniendo en cuenta dos factores: el primero es que su director, Sean S. Cunningham, no volvería a participar hasta la novena entrega. Y fue como productor, igual que en todas las demás que la siguieron. Segundo: Jason no es el antagonista de este "psico-slasher" de culto.
Su historia nos presenta el campamento de "Crystal Lake". En él, los monitores ultiman los preparativos antes de que sea reabierto. Pero uno a uno irán siendo asesinados mientras es desvelado el trágico suceso que lo rodea desde el verano de 1957.
Con guión de Victor Miller, Cunningham nos muestra una trama que combina venganza, un brote psicótico originado en un duelo que perdura a lo largo de los años y la reacción del puritanismo más exacerbado. Ello en un mundo anclado en las supersticiones.
Alejado de la gran ciudad, ese universo imbuido en sus tradiciones es presentado como la llave de la supervivencia. No porque crean que su ecosistema es perfecto, sino porque tiene la clave ante un mal que no debe propagarse. Ni siquiera salir de allí. Es la llamada a la huida.
Pero como tal, ha de chocar contra lo foráneo. Al espíritu de la gran urbe que no le entiende y ni siquiera pretende escucharle. Por lo tanto, sus reclamos de atención son ignorados provocando un desastre que, aunque podría haber sido evitable, estaba destinado a producirse.
En consecuencia, y a pesar de las advertencias, las "perniciosas" actitudes de lo urbanita actuarán como si en su casa estuvieran. Es ahí que entra en juego la sombra que los lugareños pretenden evitar. Una que actuará bajo la premisa de que lo que debe hacerse es lo correcto.
Recurriendo al uso de planos subjetivos con tal mostrar la perspectiva de la alarma, esta va reviviendo su duelo paso a paso. Y en este está incluido su antigua profesión, sus anhelos, los sueños frustrados y unas bromas que provocan que vuelva a sentir en su piel lo que padeció.
Con ello, el brote psicótico va aumentando progresivamente en intensidad. Hasta llegar al punto de acabar con todas las conexiones que le unían a su pasado y aquello que pudiera permitirle la redención. ¿El resultado? Un círculo del que nada ni nadie puede escapar.
He ahí que toma forma el exacerbado puritanismo que comentábamos. Dentro de su delirio, en toda su enajenación, es la herramienta que da sentido a su acción. Es la necesaria validación por la cual recibe la justicia poética que en su momento la sociedad le negó.
En este punto, incidiremos en lo sorprendente que resulta la creación de la saga. En palabras de Cunningham, el final es el ejemplo de un "shock" traumático. La textura de las imágenes lo reflejan. Además, lo mostrado fue idea del creador de efectos especiales Tom Savini.
A raíz de ello vio la luz una de las franquicias más conocidas del cine. Aunque, eso sí, a medida que avanzaba las tramas eran cada vez más disparatadas. La gente acudía a los cines y el alquiler en los videoclubs funcionaba. Fue, sin duda alguna, un producto rentable.
Pero volviendo a la que nos atañe, y como es habitual en el género, las actuaciones en esta película son planas y sin calor. La legendaria Betsy Palmer no convence y Adrienne King pasa sin pena ni gloria. Además, un casi novato Kevin Bacon acata con el rol que le corresponde.
Entre las pegas está el montaje firmado por Bill Freda. Por momentos resulta brusco y cortante, aunque tiene a favor la interesante fotografía de Barry Abrams y, sobre todo, la banda sonora creada por Harry Manfredini pese a sus similitudes con "Tiburón" y "Psicosis".
Es, en definitiva, un clásico que incluso hoy en día puede disfrutarse. Ello teniendo en cuenta su intermitencia o que al estrenarse fuera un film novedoso. Aunque por la cabeza les ronde que por qué no dejaron su mitología tal y como estaba.

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