LA ILUSIÓN DE LO PERENNE
Los Polos no sienten el frío.
Es el calor en su ser ausente
lo que la piel palpa.
Lo que su blancura nos remite.
Les dan su lugar los campos:
y decirles "magnéticos" suelen.
Convierten en imán
al pedrusco que nos da hospedaje.
En él, sus paisajes
llegaron a ser cambiados.
Por disponer estos de otro lugar
fueron los climas cambiados,
también por los más variopintos desastres.
Tenían por común factor ser naturales,
estar dentro del círculo
del cual forman parte nuestras almas.
Y dentro de lo formado...
todo nos envuelve.
Y no, no es perenne.
Hasta puede ser cesado.


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