La charla mientras bebían agua
- ¿Hace cuánto tiempo que no nos vemos? - lo preguntó mientras cogía la garrafa de agua y vertía su contenido en los tarros de cerámica que había sobre la mesa. A continuación, se sentó en el taburete que estaba libre mirándole directamente los ojos de su invitado.
- Pues, si no me equivoco, van a hacer 18 años. Fue cuando os fuisteis de Nazaret. Poco después de que la montáramos en el Templo de Jerusalén.
- Sí, me acuerdo. No debimos soltar todas aquellas ranas en su interior.
- La que liamos. La bronca que nos echaron fue tremenda.
- Sí, eran buenos tiempos. Bendita juventud.
Al decir esto, le indicó con un gesto de la mano que bebiera. Que le acompañara. Tras hacerlo, y dejando de lado todas las formalidades, le preguntó por cómo le había encontrado.
- Ha sido casualidad - contestó -. De hecho, ni te buscaba. Nada más llegar, nos comentaron que había una persona que bautizaba a la gente en el río. Además de proclamar la próxima venida del Señor. Me sentí intrigado. Y decidí acercarme con tal de escucharle. Por nada del mundo me imaginé que fueras tú, querido primo.
- Vaya, así que has venido acompañado. ¿Cuántos sois?
- No muchos. No llegaremos a doce hombres. También me acompaña mi compañera. Se llama Magdalena. Si quieres, luego os presento.
- Sabes que estaré encantado. Pero algo me dice que no vas a estar por aquí mucho tiempo.
- Sí, es así. Pero antes tienes que explicarme una cosa.
- ¿El qué?
- Esa fé repentina. Además de lo de convertirte en profeta. Nunca antes habías creído en esas cosas, aunque cumplieras con tus obligaciones religiosas.
- Y sigo sin hacerlo.
- ¿Cómo?
- No me ha quedado más remedio. Si queremos derrotar a Roma hemos de encontrar la forma de estar unidos. Y la manera más sencilla es mediante la religión. Hemos de librarnos de ellos como sea.
- Vaya, así que te has vuelto un estratega político.
- Podríamos llamarlo así. Pero hay momentos en los que el fin justifica los medios.
- Lo entiendo. ¿Pero qué pasará después si tienes éxito? ¿Cómo harás que tus seguidores vuelvan a la realidad? Por lo que tengo entendido, te siguen a pies juntillas.
- Ya llegará alguien que les haga abrir los ojos.
- ¿Y no te sientes mal por ello? ¿Por mentirles?
- No. Además, tarde o temprano, me capturarán y acabarán con mi vida.
- ¿Te refieres a los romanos?
- O a los nuestros propios.
- ¿Y por qué no desapareces antes de que sea demasiado tarde? Podrías seguir con tu vida en las sombras. Tal y como dices, tarde o temprano llegará alguien. Quizás no lo haga con una visión religiosa o mística. Lo más seguro es que sea social. De convivencia, pero manteniendo nuestra identidad.
En cuanto escuchó que decía esto, dejó suavemente el vaso sobre la mesa. Ambos, él y su huésped, se miraban fijamente. Pero no había odio en el gesto. Ni siquiera señal inquisitoria alguna. Sólo había comprensión entre el uno y el otro. Entonces, su viejo amigo, su visitante, su primo, al fin y al cabo, pasó su mano sobre la superficie del mueble. La acarició.
- Es un muy buen trabajo. Sencillo y práctico. Pero increíblemente eficaz.
- Vaya, por lo que deduzco de esto es que estuviste trabajando con mi tío.
- Sí, así fue. Me enseñó todos los trucos de la profesión. No llegué a hacerlo durante mucho tiempo. Pero fue un gran maestro. Falleció cuando tenía 15 años.
- Sí, lo sé. Nos llegó la mala nueva de la partida de José. Pero no pudimos asistir al funeral. Estábamos muy lejos. ¿Qué tal está mi tía, María?
- Bien, asustada por lo que me traigo entre manos con mis compañeros. ¿Y la mía, Isabel?
- También bien. Pero, ¿a qué te refieres con lo que os traéis entre manos?
Suspiró. Dudó en decírselo. Pero aún así lo hizo. "Ese movimiento que te he comentado... estamos tratando de ponerlo en marcha".
- Vaya, esto sí que no me lo esperaba por parte de mi primo.
- Ya ves...
- Vale, pero dime una cosa. ¿Cómo lo vais a financiar? ¿De dónde sacaréis el dinero para ello? Además de arriesgada, es una misión muy cara. Necesitaréis financiación.
- Lo sacaremos del estraperlo. Del mercado negro.
- ¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
- Revenderemos pan y vino. Si no nos lo regalan, primero lo robaremos. Pero esa es la forma en la que conseguiremos el dinero con el que podremos mantenernos, además de poder viajar y alojarnos.
- Increíble...
El silencio se interpuso entre ellos. Pero no era tenso. Mientras él meditaba sobre lo que acababa de escuchar, su invitado pareció sentirse aliviado. Como si liberara un peso que llevaba demasiado tiempo soportando. "Se me acaba de ocurrir una cosa; ¿qué te parece si te bautizo?", preguntó el anfitrión.
- ¿Qué pretendes con ello?
- No lo sé exactamente. Pero hay muchos ojos que no dejan de prestar atención a lo que aquí sucede. Si lo hacemos entre la multitud, quizás pases desapercibido. Me había llegado información de tu grupo. Estáis empezando a levantar demasiado ruido. Pero jamás imaginé que estuvieras entre ellos. Mucho menos que fueras su líder.
- Pue estamos en la misma tesitura. Pero no soy su líder. Quizás soy el que lleva la voz cantante, pero para nada soy su líder
- No es eso lo que dicen. O por lo menos no lo entienden así.
- ¿Y qué quieres que haga?
- Que te dejes bautizar. Aunque sea con tal de disimular. Por mi parte, después desapareceré, tal y como me has aconsejado. Y tú seguirás tu propio camino. Vayas a donde vayas.
- ¿Quieres hacerlo ahora?
- ¿Cuándo sino? Vamos, acaba el agua y pongámonos en marcha.
- Vale, lo que quieras. Por cierto, en cuanto salgamos verás a uno de mis compañeros. Está haciendo guardia. Se llama Pedro.
- Eso no tiene importancia.
- Quizás sí. Más tarde que pronto ideará la forma de sacarle provecho a todo esto.
- Interesante. Es decir, que sabe cómo manejar las situaciones con tal de sacarle beneficio.
- Tiene la idea de que lo más importante es convertir las circunstancias en poder. Que ese es el núcleo de todo. Estaba muy interesado en conocerte. Sobre todo en atraerte a nuestra causa.
- Pues no va a ser posible.
- ¿Y eso por qué?
- Ya te lo he dicho. Me iré. Si por lo que sea, algún día nos volvemos a ver, hablaremos largo y tendido. Pero hasta entonces, algo me dice que lo mejor es que cada uno tomemos nuestro propio camino.
- ¿Así, sin más?
- Sí, muy a mi pesar así habrá de ser.
Su invitado dudó. Estaba asimilando todo la conversación que habían tenido. Digería cada palabra con esmero y pulcritud. "Quizás no nos volvamos a ver", comentó al fin.
- Pues si así fuera... que sea por buenos motivos. Anda, vamos. El ritual no nos llevará ni dos minutos. Al terminar el día desapareceré y podré dejar está vida atrás.
- ¿Y qué harás?
- Todavía no lo sé. Ya se me ocurrirá algo. Tranquilo. Vamos, pongámonos en marcha.
- Está bien, vamos.


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