Las jornadas previas a la partida
- Creo... creo que ya va siendo hora de que regresemos a Nazaret.
Al oír esto, le sonrió. "Estoy de acuerdo, ¿pero cómo vamos a vivir cuando lleguemos allí? ¿De qué vas a trabajar?".
- De lo mío - contestó José -. Antes de partir, el marido de tu prima me dijo que estaría esperándome. Cree que si monto un pequeño negocio no tendremos problemas. Dice que con mi experiencia me será fácil ganarme la confianza de los clientes.
- ¿Y él va a hacer algo al respecto?
- No lo sé. Pero, como sacerdote que es, goza de buen nombre.
- Pero si Zacarías e Isabel viven en Jerusalén... ¿cómo van a poder ayudarnos?
- Lo más seguro que con su palabra. Pero van a instalarse en Nazaret. Quieren que Juan crezca como un niño normal, estando alejado de la clase social que les corresponde. Y están deseando que él y Jesús lo hagan juntos.
- Vaya, eso sí que no me lo esperaba.
- Me comentó que desean llevar una vida cercana a la gente corriente. Así el niño conocerá lo que es la realidad. Y teniendo a nuestro hijo al lado todo será más normal todavía.
María observó el establo en el que que vivían desde hacía casi dos meses atrás. Pertenecía a una persona que en su casa alojaba huéspedes. Y para ellos les fue acondicionando hasta que no quedó rastro alguno de sus propios fines. Aunque pequeña, dio como resultado una vivienda confortable. Además, era cálida, y eso era de agradecer en las frías noches de Belén. Aunque estuviera a punto de arrancar el verano.
- Voy a echar de menos este sitio - confesó la mujer -. Qué lastima que el crío no vaya a recordar nada de esto. El día de mañana tendremos que contarle todo lo que hemos pasado.
- ¿Todo? - quiso saber José -. ¿Hasta que fuiste violada por un soldado romano? ¿Que él es su padre natural? ¿Que te repudiaron los de tu pueblo?
- Sí, todo - contestó -. Hasta el hecho de que en un principio tú también lo hiciste. Pero ha de saber del buen corazón que tienes. Que pase lo que pase, tú eres, y serás, siempre su verdadero padre. Aunque no tengáis la misma sangre.
- No os dejaría solos por nada del mundo.
- Lo sé. Aunque un poco burro, eres una persona maravillosa.
- Gracias.
Guardaron silencio mientras el bebé dormía en una cuna de madera. Por momentos, parecía sonreír en sueños. "¿Qué crees que le estará rondando por la cabeza?", preguntó José.
- Cualquier cosa. Pero se le ve tranquilo, y feliz. Qué suerte tuvimos de que aquellos pastores nos indicaran la posibilidad de quedarnos aquí.
- Sí. Si llega a ser invierno... no nos hubiéramos cruzado con nadie. Tal vez... quizás ahora mismo estaríamos muertos por el frío.
- Lo sé.
El silencio invadió de nuevo la estancia mientras observaban al niño. Y este volvió a sonreír mientras dormía.
- ¿Crees que aquellos sabios habrán llegado a la corte de Herodes? - preguntó intrigada María.
José, mientras agarraba la mano derecha de la criatura, la miró directamente a los ojos. "No, es más; algo me dice que decidieron pasar de largo".
- ¿Y eso?
- Por lo rumores que corren sobre él. Pese a su salvajismo .. por nada del mundo me creo que haya ordenado sacrificar a todos los primerizos. Eso es algo que han debido de inventarse sus enemigos. Quizás... creo que los sabios decidieron dar un rodeo con tal de evitar problemas. Tanto con Herodes como con sus adversarios.
- ¿Te dijeron lo que venían a hacer por aquí?
- No. Pero llegaron desde tierras muy lejanas. Quizás pretenden explorar lo que hay más allá del Nilo.
- ¿Te refieres a esas selvas que dicen que hay en la distancia?
- Si, podría ser.
- ¿Y por qué nos dieron todos estos regalos?
- Comentaron que allí de donde provienen es costumbre. Es una forma de desearle una buena vida al niño, además de poder ayudarnos un poco en sus primeros años.
- Y sin poner ninguna condición al respecto. Qué gente más extraña.
- A sus ojos, nosotros también lo seremos.
- Sí, es posible.
- Pasaron la noche y marcharon. Ojalá nos volvamos a cruzar con ellos. Podrían contarnos muchas cosas, pero un pálpito me dice que eso no pasará.
- Bueno, dejemos de darle vueltas al asunto. ¿Cuándo quieres partir hacia Nazaret?
- Lo antes posible. Tal vez, dentro de una semana. Hemos de evitar los calores.
- Entonces tenemos que empezar a preparar las cosas.
- Sí, pero no tengas prisa. Cada cosa ha de llevar su tiempo. No podemos andar improvisando. Y menos ahora que él está con nosotros.
José dijo esto sin haber soltado la mano del niño. Y este, en un gesto instintivo, la apretó alrededor de su dedo. "Pese a su edad, tiene mucha fuerza. Ojalá se convierta en un hombre íntegro", expresó.
- Lo será, ya lo verás. Tú te encargarás de ello.
- Y tú también. Es algo que nos corresponde a los dos.
- Sí.
Ante esto, José pareció sobresaltarse. "Espera, se me olvidaba algo". En cuanto lo dijo, salió de la estancia dejando solos a la madre y al chiquillo. Esta se sorprendió por el gesto, pero, en el fondo, no le dio mucha importancia. Si algo había aprendido sobre José era lo completamente despistado que podía llegar a ser.
Pasados menos de dos minutos, regresó. Y lo hizo con una manta. "La ha hecho la mujer del casero, es un regalo para el niño", reveló. "Dicen que, además de estar abrigado, podrá tener un recuerdo de ellos".
- Vaya, qué amables. Luego se lo agradeceré.
El hombre fue hacia el crío y puso la prenda encima suyo. Y este, dormido como estaba, pareció expresar un gesto de satisfacción. "Mira, parece que le ha gustado", dijo.
- Claro, cómo iba a ser sino.
La situación hizo que los dos rieran. Pero en sus mentes estaba presente la dureza del viaje que les esperaba. "Tienes razón, lo mejor es ir preparando las cosas sin prisa", comentó María.
- Dime, ¿cómo crees que se llevará con Juan?
- Pues como niños que son. Tendrán sus tiranteces, pero serán uña y carne. Estoy convencida.
- Yo también lo creo.
- El tema será cuando empiecen a hacer trastadas. Y vayan creciendo. Espero que no sean unos chavales incorregibles.
- Bueno, tiempo al tiempo. Que crezcan y ya veremos después qué es lo que sucede.
- Estoy deseando volver a ver a Isabel. Fue la única que no me menospreció. La única que comprendió lo que sucedió. La única en tratarme con dignidad. Tuvo que enfrentarse a todos con tal defenderme... y eso era algo que no tenía que hacer. El cargar con todo el peso que ello conlleva. Al final, toda esa rabia fue también a parar hacia ella.
- Sí, si no llega a ser por el hecho de que Zacarías intermedió... no sé qué sería ahora de nosotros.
- O que tú entraras en razón y dieras el brazo a torcer.
- Lo peor de todo fue que el soldado marchó. Y posiblemente no sepamos nada más de él. A veces, la justicia es inexistente.
- Así es, pero mira al niño. No va a ser como él. Te tiene, y tendrá, de ejemplo. Con eso bastará.
- Espero estar a la altura. El no poder estarlo me da un miedo atroz.
- Sabes que puedes apoyarte en mí.
- Y al revés también.
Ambos sonrieron ante estas palabras. Y el niño también volvió a hacerlo. Aunque estuviera dormido. Entonces, María se levantó del taburete en el que estaba sentada. Y fue hacia José. Al llegar a su altura, le agarró por la cintura. Él le devolvió el gesto. "Me parece increíble la energía que irradias pese a la edad que tienes", le susurró la mujer al oído.
- Tampoco tengo tantos años. Los suficientes con los que poder decir que tengo experiencia en la vida, pero sé de sobra que esta me va a deparar muchas más sorpresas. Erraré muchas veces, pero espero aprender en muchas más ocasiones.
- ¿Y ahora estás aprendiendo?
- Desde luego...
- Por cierto, dime una cosa. ¿Qué hacemos en cuanto a la religión? Ya está circuncidado, ¿pero crees que debemos criarle de forma religiosa?
- Lo mejor sería que no. Que el día de mañana cumpla con sus obligaciones y ya está. Y luego, con el paso del tiempo, que él decida qué peso quiere que tenga en su vida.
- Estoy de acuerdo. Pero ahora has de responderme de nuevo a la misma pregunta.
- ¿A cuál?
- Señor, qué despistado eres. A la de sobre si ahora mismo estás aprendiendo.
- Tranquila, estaba fingiendo. ¿Me puedes repetir la pregunta?
Ante esta ocurrencia, ella volvió a reír. Y él la acompañó. "¿Ahora mismo estás aprendiendo?".
- Desde luego - contestó con una sonrisa de oreja a oreja.


Comentarios
Publicar un comentario