LA CALMA EN LA TRANQUILIDAD DE LO AUSENTE

 


Convirtió el dolor en medicina.

En la terapia siendo bálsamo.

En el temario de las lecciones

desde las que habría de convertirse

el hombre de las nuevas edades.


Con tal fin no disponía de libro

ni nada que se le pareciese.

En tales menesteres no era necesario, contaba.


Tales menesteres serían del asumir, expresaba.

Todavía mucho menos comprender,

bastaba con el don de asumirlo.


Y de "don" mismo lo designaba.

Ello porque suprimía el esfuerzo

habido dentro del cuestionarse

al otorgar la calma presente

en la tranquilidad de lo ausente.


Contaba que la cosas eran como eran,

que de tal forma siempre lo fueron.


Entonces, querer cambiarlas

resultaba ser lo baldío

de pretender vaciar la mar

mediante cubos y palas.


Por lo tanto, querer formas

alejadas del dictado

era quebrar las armonías

que formaban las escalas. 


Porque salvaguardar lo avanzado

era dejar las cosas tal y como están.


Y más aún si esto hubo funcionado, 

aunque las aguas quedaran estancadas. 










Comentarios

Entradas populares de este blog

"Bitelchús Bitelchús"; bien, pero inconsistente

¿FINITO O INFINITO?

EN SU PROPIO ANALIZAR