LA MÚSICA QUE LOS ACOMPAÑÓ

 

No residieron cenizas.

Quedaron las flores

de lo que una vez fue.


La música que los acompañó

fue volviéndose la puerta

que daba la bienvenida

al compás de las notas nacientes.


Unas con cuerpos de los recuerdos

sin importarles las horas

por cada una de las risas

que dieron en vestir horizontes.


No quedaron las pavesas.

Fueron los colores

brillando en los mares.


Y cada despertar

disponía de calor

aunque los inviernos resultasen

fríos en los momentos que renace

el día portando el traje de nieve.


Y cada dormitar

guardaba los fuegos

que nunca llegaron a extinguirse

al quedar sus semillas latentes

por la fertilidad del presente. 



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