Un pequeño paso... o un trámite crucial



Contemplaba atónito el cuerpo colocado sobre la camilla. La forma en que los sanitarios trataban de que recuperara los signos vitales en una frenética maniobra de urgencia. Lo reconocía. Era el suyo propio. Pero no sentía ninguna de las acciones. Flotaba. Como si estuviera despegado completamente de él. "¿Y ahora qué?", le preguntó a la traslucida figura humana que lo acompañaba desde hacía un par de minutos.

- Tendrás que esperar un momento y todo habrá acabado - contestó -. Después, llegará la elección.

- ¿Elección? ¿Qué es lo que tengo que elegir?

- Pues entre comenzar una nueva vida o ser el guía de aquellos que abandonen la existencia terrenal. Son las dos opciones que te han otorgado por llevar una vida sin actuar mediante el egoísmo.

- ¿Te refieres a reencarnarme?

- Sí, pero no lo llamamos así.

- ¿Cómo entonces?

- Te lo dirán a su debido momento.

- ¿Y lo otro? No comprendo lo que me estás tratando de decir.

- Pues que pasarás a ocupar una misma posición que ocupo yo. Ayudarás a aceptar este tránsito y luego desvelarás los misterios de esta dimensión. Tal y como yo haré contigo si eliges seguir mis pasos.

Guardó silencio. No podía dejar de mirar a los sanitarios en su febril lucha por no dejarle marchar. "No hay vuelta atrás; en cuanto todo concluya llegará tu decisión más crucial", confesó.

- ¿Ya he pasado antes por este trámite? - preguntó sin la más mínima noción de por qué lo hizo.

- Sí.

- ¿Cuántas veces?

- No te lo puedo decir. Lo averiguarás si optas por tomar ese camino. Todos los recuerdos de tus vidas pasadas serán ordenados en un abrir y cerrar de ojos. Y comprenderás muchas cosas. Sobre todo de lo bueno y malo que te ha pasado en esta. Aprendiste de las demás desde la última vez. Es lo único que te puedo decir. También que sabrás más del porqué de todo si te quedas en esta dimensión.

Comenzó a meditar intentando ordenar las palabras que quería expresar. "¿No será una decisión bastante cobarde el comenzar de nuevo?".

- No, ¿por qué iba a serlo?

- Por miedo a saber lo que hay al dejar todo atrás.

- Dese mi punto de vista... es de valientes el querer seguir aprendiendo, ya sea de los errores o aciertos. Si el ciclo está completo... no tendrás dudas en la elección.

- Por ahora... me gustaría quedarme. Conocer nuevas experiencias. Aunque tenga que abandonar a mis seres queridos.

- No, no los abandonarás. Y ellos a ti tampoco. Siempre estarás en sus corazones. Y en cuanto a lo que respecta al tuyo... aunque no los recuerdes... siempre habrá una gran chispa de calor por la cual los tendrás presentes...

- Quiero quedarme... no me siento capacitado para tomar la posición que ostentas.

- Lo sé, tranquilo. Sé perfectamente lo que intentas decirme. Lo sé antes, incluso, de venir a buscarte.

- Entonces, ¿cuál es el propósito de este instante?

- Que elijas desde la comprensión.

- De acuerdo.

- Mira, ya está. No pueden hacer nada más. Se han dado por vencidos. La Parca ha impuesto su voluntad sobre el alma de los humanos. Relájate. Lo que viene ahora, si me permites la expresión, es una simple formalidad.

- ¿A qué te refieres?

- Anda, escucha. Coge aire. O por lo menos imagínate realizando tal acción. Y cierra los ojos. Escucharás a alguien llamándote.

Siguió su consejo. Y lo que alrededor suyo había fue tornándose en una danzante niebla multicolor. Y sí. Oía una voz reclamándole. Era dulce. Cálida. Llena de amor. "Despierta", le decía. "Anda, cariño. Levanta. Tienes que ir a trabajar".

Abrió los ojos. De fondo, el incesante repiqueteo del despertador ocupaba la habitación. Y esta estaba completamente iluminada al entrar la luz por los pequeños agujeros de la ligeramente persiana abierta. "Levanta, dormilón. ¿Por qué no preparas unos cafés?". Volteó su cabeza al lugar del que procedía la voz.

Allí, unos ojos marrones oscuros abiertos de par en par le miraban fijamente. Su desnudo hombro derecho brillaba por la claridad que en él estaba posándose. Y sus rojos, y gruesos, labios dibujaban una radiante sonrisa. Devolviéndoles el gesto, se acercó a ellos y los besó. "Ahora voy", dijo en suaves susurros.

Fue a levantarse de la cama después de estirarse un poco. Pero al hacerlo, un fuerte dolor emergió en su pecho. Instintivamente, se llevó la mano al corazón. "No puede ser, esto no está pasado", lamentó ante la inmensa molestia que padecía.

- ¿Qué te pasa? - vociferó su pareja. En aquel estado, le resultó un gutural grito proveniente de los más profundo de su ser.

- No lo sé. Me duele el pecho. Llama a la ambulancia.

La mujer salió corriendo de la habitación. En dirección a la sala de estar. A la mesita que la presidía. Justo donde antes de ir a dormir dejó el teléfono móvil.

- ¿Por qué? ¿Por qué? - lamentó estando tirado en la cama.

- Tenías que pasar por esto otra vez. Tienes que recordar su rostro lleno de ternura antes de comenzar de nuevo. Debes atesorar el recuerdo que más te llena.

Era su guía. Le acariciaba la frente mientras le relajaba. "No te preocupes por ella. Estará bien. Le costará, pero saldrá adelante. Rehacerá su vida. Y siempre te llevará en el corazón".

Entonces, la danzante niebla multicolor regresó mientras una puerta tomaba forma en su centro. Y esta fue abriéndose muy despacio. De ella emergió una reconfortante y radiante luz. "Anda, ve. No te demores. Te están esperando".

- ¿Quién?

- Los que te acompañarán en el siguiente escalón.



Comentarios

Entradas populares de este blog

¿FINITO O INFINITO?

EL ORIGEN DE LA ANTESALA

"Bitelchús Bitelchús"; bien, pero inconsistente