DE COLOR ROJO

Y su color

era rojo,

color de la sangre,

de la pasión,

de los fuegos

que tan fuerte rugen.




De la vida también,

pues con vigor

daba calor

a páramos verdes,

los desiertos

y los hielos.




Era un sueño

en su esplendor,

donde el caminante

tenía el vuelo

por vehículo

que le trasportara.




Y lucía emergente

debido al sol,

quien lo educó

con luz brillante

del ocaso

y el día nuevo.




Y su color era rojo,

el mismo que el de la pasión.

Ese mismo que irradiaba

en cada amanecer

y ya después lo plasmaba

junto a sus pasiones.




De él emanaba ese calor

y no había alguna pretensión,

ni en lucirse alguna gana.

Era su disfrute

ante lo que le otorgaban

todos sus despiertes.




Un día observó

de rojo pintada

la luz de la luna,

y también teñirse

durante un eclipse

al grato sol.




Entonces meditó.

Y ese instante

sería la brújula

que le iluminara

desde entonces

en su recorrido.




El mismo color

que apasionadamente

le daba valor.

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