SIN SER NIÑO JUGABA AL ESCONDITE

 

Al escondite jugaba

tal si fuera niño.


Pero no lo disfrutaba

como en tales años.


Pues corría sin cesar

procurando que cualquier triste recodo

le pudiera servir

ante la tormenta

de muerte que los cielos iba cubriendo.


Y por su cabeza

le rondaba el café que hace tanto tiempo 

tomaría sin intuir

que todas las balas

provendrían de aquel con el que se lo bebió.


Aquel bar de la velada

pasó a ser abismo.


Cada uno de sus aromas

un simple recuerdo. 


La punzante marca

a modo de herida que jamás se cerró

y cuya cicatriz

siempre supuraba

la duda de si eso realmente sucedió.



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