«Pressure» no es cine bélico

Anthony Maras firma un "thriller" cimentado en los diálogos


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El mayor punto a favor del «Tiempo de victoria» dirigido por el australiano Anthony Maras es el hecho de lograr que dudemos de lo que acontecerá en su desenlace. De que el espectador no las tenga todas consigo sobre si el desembarco en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial llegará a ser posible. Y convertir a la meteorología en algo ameno que sirve de hilo conductor en un «thriller» centrado en las relaciones personales tensionadas por el conflicto bélico.

Ambientada en las jornada previas al asalto de las costas de la Francia Ocupada, nos presentan las fricciones vividas por el recién llegado meteorólogo escocés James Stagg y su equipo. En especial las diferencias con el estadounidense Irving P. Krick. De sus más que opuestos enfoques y, en consecuencia, resultados dependerá la aprobación o no de la incursión. Más después de que Dwight D. Eisenhower y sus aliados comprobaran poco antes el desastre de la Operación Tigre, la cual fue la preparatoria del Día D.

Ante esto, olvídense de ver un largometraje marcial incluso partiendo del contexto que plasma. Este film cuyo elenco está encabezado por Andrew Scott refleja la tensión vivida por los personajes. La responsabilidad que supondría el cargar con la vida de los soldados que tomarán partido en la acción y la de millones de personas que dependen de su éxito. El ego generado por el éxito y el peligro de la deshumanización también están presentes. Es, al fin y al cabo, la disertación de las distintas psiques humanas con semejante telón de fondo.

La importancia de su narrativa


Partiendo de ello, el gran acierto de Maras es la importancia concedida a los diálogos. Ya sean expositivos, didácticos o dramáticos, estos refuerzan unas actuaciones que conllevan una gran carga emotiva. El estrés, el miedo y la impotencia supuran en la de Scott. También la altanería y los aires de grandeza en lo que respecta a Chris Messina. Incluso la furia encarnizada y contenida sobre las espaldas del Eisenhower de Brendan Fraser. O la mesura con la que una Kay Summersby encarnada por Kerry Condon trata de que los pies sigan manteniéndose en tierra.

Y eso que si optan por ver la versión doblada al castellano estatal, en un principio, su doblaje les chocará resultándoles hasta artificial. Por fortuna, a medida que avanza el metraje esa sensación va desapareciendo. Es una pequeña pega de un trabajo cuya colorida iluminación puede despistar a pesar de fortalecer la narrativa. Incluso en los momentos más sombríos, el brillo, aunque sea mínimamente, está presente logrando una calidez que permanecerá de principio a fin.

Llegados a este punto, podrían preguntarse qué han ficcionado respecto a lo que sucedió en tales días. O si es perceptible el que sea una adaptación de la obra de teatro «Pressure» que el británico David Haig estrenara en 2014. Respecto a la primera cuestión dejaremos que sean ustedes quienes resuelvan la duda. En cuanto a lo otro, mencionaremos que no, pero que la fortaleza de sus diálogos está claramente influenciada por ello podría llegar a ser una de las conclusiones que extraigan. Además, que el propio Haig sea el autor del guión junto a Maras otorga más personalidad al proyecto.

Las reminiscencias propagandísticas


Por lo tanto, y viendo que su título original («Pressure») es equiparable al término «presión» de la lengua que estamos utilizando, podemos arriesgarnos a afirmar que es mucho más que acertado. Sobre todo teniendo en cuenta la forma en que el manejo de los diferentes planos y movimientos de cámara incrementan el ahogo, la desilusión o la frustración mientras visten la esperanza. Añádanle a este hecho el factor de la iluminación que anteriormente mencionábamos. Y súmenle un ritmo narrativo que es pausado y comedido.

Pero, y ya para finalizar, hemos de lamentar el cariz propagandístico que emana partiendo de todo lo hasta ahora expresado. En especial hacia esa parte de los aliados representados: los estadounidenses y británicos. Tal si el resto, en especial los soviéticos, no hubieran tomado partido en la contienda y solamente los primeros fueran artífices de la derrota del Eje. Y esto, aunque estemos versando de cine, no es un espóiler, sino algo bastante común en lo que llaman «Meca del Cine». Es un detalle negativo a destacar pese a que el visionado de la película resulte muy recomendable. Y gratificante.




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