EL ARCÓN QUE GUARDABA LA LLAVE DE SUS PUERTAS

 

En sus oídos

le quedó grabado el sonido del agua.

Y lo que la brisa mece

a modo del fino elixir

del olivo.


En sus ratos 

fue sentando las bases de sus mañanas.

Y lo que fueron sus tardes

maceraron el existir

y su fulgor.


Sus oídos resultaron ser arcón

guardando la llave

con la que abrir de su ser las puertas.


Rincón donde reinaba el espacio 

al que quisiera ver

más allá de las improntas dadas.



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