EL ECO DE LA CALMA QUE QUEDÓ MUDO...

 

Al ser rasgada la calma

la tormenta fue tornándose vestido

con que los barcos vistiesen.

Era gala,

floritura

y jarana

al ser la calma ignorada

y borrada de los finos diccionarios

ya sin función aparente.

Sin su cuerpo característico.

Sin internet a modo de cuarto.


La tormenta fue la cama

por la cual fue volviéndose cotidiano

el hecho del apartarse

las miradas.

Eran neutras

(también frías)

al carecer de brújulas

al estar los ojos dados por lo opaco.

No señalaban el norte

por olvidarse del magnetismo

que suele otorgar significado. 


Al terminar la tormenta...

la calma carecía de la razón

al haber sido borrado el horizonte

por el cual su presencia solía anunciarse.

Y lo que era su eco estaba mudo:

no tenía lugar la afonía.




 



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