MÁS ALLÁ DEL CAMINANTE AL QUE SU CAMINO QUIEREN ENCAUZAR

 

Lo desgastaron.

Lo llegaron a usar tantas veces

que terminó en la frontera

del olvido.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Y si, por lo que sea, es recordado,

es diferente

la raíz que le fuera concedida.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Lo tiñen, lo pintan

de lo trémulo

al momento de pretender

cuestionar qué fue dicho sin ser escuchado.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Porque es diferente el oír...

el acto no tiene núcleo.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Es parecido al vivir...

sin poder sentir el calor.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Y menos la manta 

que en los inviernos 

vierte cobijo y protege 

las ranuras más diminutas de los cuerpos.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Y no nos referimos al verso... 

sino al traje 

que le fue otorgado por la patria.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


Y cuántos otros

en otras lenguas, y pormenores,

habrán sufrido la escena

de los circos.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar".


O ferias con las que distraer

los ojos y las almas

en el rugir del disfraz

que da forma de folclore.


"Caminante, 

no hay camino, 

se hace camino al andar"

en función del quién.









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