Un par de diminutos cuentos

El oráculo y su legado en forma de testamento



15/I/2020


El profeta inundó de luz el lugar con su lúcida voz verborreica. Su mensaje, que estaba cargado de pasión y era comedido en su tono y exactas palabras, embriagó las mentes y almas de aquellos que estaban allí.

Cuando abandonó el rincón, un sentimiento de vacío llenó los corazones de los presentes y sintieron la necesidad de recomponerlo. Su palabra había parecido clara y concisa, pero dejó esa sensación de ausencia en cada uno de ellos.

Cada cual extrajo una conclusión de propia. ¿Cómo era posible que cada individuo hubiera entendido algo diferente si todo era tan claro?

Comenzaron a discutirlo juntándose en grupos con una interpretación similar. Los Concilios formados no salían de sus posturas y defendían que su visión era la idónea.

Empezaron las disputas verbales. Luego las confrontaciones físicas. Con ellas la guerra y un resentir que duraría milenios.

Todos comprendieron de forma diferente el mensaje del profeta. Todos creían que su lectura era la correcta. Y sin quererlo, o pretendiéndolo, ese fue el testamento y legado que dejó el oráculo personificado.

***


La misión del barco que surcaba los aires



15/I/2020


Navegaba aquel barco por encima de las nubes. Su curso era plácido y calmado al ser empujado por el viento. Tenía una vela enorme que lo ayudaba a moverse mientras este soplaba.

Delante del mastil había una brújula marcando el norte. También un reloj solar que indicaba las horas. Y nada escapaba de las tormentas en aquellas alturas. Incluso podían ser más virulentas que en alta mar.

Hacía mucho tiempo que no circulaba por los anchos océanos. La última vez lo hizo sobre el Antártico pudiendo contemplar las costas del Continente Helado.

Ahora sobrevolaba el Himalaya después de haber cruzado las costas de Japón. Recordaba la imagen de la cima nevada del Fuji. Hacía poco que dejó atrás el Everest y los montes que lo rodeaban.

Decían que esa cordillera aumentaría de tamaño con el paso del tiempo a consecuencia del brutal choque de las placas de la India y Eurasia. Ello porque la primera va adentrándose bajo la segunda elevando su altura.

Y allí se detendría tratando de encontrar al Yeti desde las alturas sirviéndose de un catalejo con el cual podría observar.

Sería una tarea dificil, pues parecía que aquel bípedo gigante y perteneciente a la familia de los homínidos tenía un pelaje que le ayudaba a camuflarse a la perfección.

Al momento de localizarlo, bajaría mediante una escalera de madera y cuerda que aumentaba o disminuía según la necesidad.

Descendería con tal de observarle desde la distancia. No deseaba interferir en los quehaceres diarios de tan extraña y fantástica criatura.


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