TRINCHERAS

23/I/2019


En las trincheras comprendió...

en realidad no comprendió nada.


Sólo descubrió cómo es el olor de la sangre

cuando se la ve mezclada con el rojo barro,

ese odio tan inexplicable hacia el de enfrente,

la ilógica en la palabra llamada "enemigo".


Muchas veces oía las risas desde alguna mente 

que disfrutaba con lo que llamaba "trabajo",

había risas donde oscura reinaba la muerte

y, de vez en cuando, se escapaba algún abrazo

de los que desertaban junto a su "enemigo".


En las trincheras comprendió...

en realidad no comprendió nada.



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