La aventura de cuando caminó por el bosque



Llegó de casualidad. Casi sin darse cuenta. Salió a dar un paseo y, sin saber cómo, se encontró en mitad del bosque. Pero le resultaba extraño. Era mucho más seco que aquellos a los que solía ir con sus amos. Además, el ambiente estaba cargado del olor de unas criaturas que no reconocía. De repente, entre las ramas de los árboles, percibió la presencia de un curioso ser. Le recordaba a un humano. Caminaba sobre dos piernas. Pero estaba lleno de pelo y sus brazos eran de un tamaño similar al de sus contrarias. Incluso tenía una larga cola y disponía de una agilidad tremenda. Iba saltando de lado a lado.

Entonces, recordó una vieja historia que le contaron cuando todavía era un cachorro. "Tú debes de ser un mono, ¿verdad?", le preguntó intrigado. Aquel animal le observó con los ojos abiertos de par en par. "Y, por lo que veo, tú un perro. Eres muy diferente a los que merodean por aquí. Pareces uno de esos que dicen que viven en el territorio de los Humanos". Acto seguido, desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Fue todo tan rápido que le resultaba increíble el haber podido intercambiar unas palabras con él.

Ante esto, y todavía con la impresión a flor de piel por lo que había sucedido, decidió seguir caminando. Tenía que encontrar el sendero de vuelta a casa. Se había despistado hacía unas dos horas atrás. No lograba hallar el rastro que le llevara de vuelta con su familia. Inicialmente, les escuchó llamarle. Pero el nuevo ambiente en el que se encontraba le había alterado en exceso. Y esto hizo que le resultara todavía más difícil localizarlos. Fue así hasta que, finalmente, no reconoció algo que pudiera orientarle. Entonces, mientras prestaba atención a cualquier señal que pudiera ayudarle, encontró una enorme montaña de huesos.

Estaba compuesta por animales de diferentes especies. Y eran muy viejos. Lo sabía por la erosión habida en ellos. Diría que tenían unas siete camadas de antigüedad. Por lo que eran muy antiguos. Incluso más que sus propios amos. He ahí que algo lo alertó. Fue un fino chasquido de algo al romperse. Y un aroma que una única vez percibió. Fue en su adolescencia, cuando hicieron una escapada a un recinto de los que las personas llaman "Zoo". Y allí se quedó petrificado al estar en frente de una imponente criatura. Esta resultó ser un león. Y nada más verlo supo que no podría hacerle frente.

Ante esto comprendió que iba a encontrarse con uno. ¿Qué podría hacer? Tendría que utilizar todo su ingenio. Ahí sería que lo vio aparecer mientras pensaba cómo librarse de sus garras. Y sus dientes. Era enorme. Tendría unos cuatro o cinco años de edad. Su inmensa musculatura le hizo sentirse completamente diminuto. Pero parecía que él todavía no se había percatado de que ya lo había visto. Así que, mirando otra vez los huesos, tuvo una idea. Más después de cerciorarse de que por el tiempo transcurrido estos no podían ser víctimas de la fiera que podría atacarle de un momento a otro.

- Creo que voy a tener que echarme una siesta. Por muy exquisita que sea, la carne de león resulta bastante pesada. El estómago no para de darme vueltas por la acidez.

El Rey de la Selva, nada más escuchar esto, frenó en seco. Y emitió un curioso gruñido con tal de avisarle de que estaba ahí. El perro se dio media vuelta fingiendo sorpresa y se puso en posición de ataque. Trató de mantener la compostura. De que el león no descubriera el miedo que sentía en cada centímetro de su anatomía. Y este, tras analizarlo detenidamente, fijó su mirar en la montaña de huesos. Nada más hacerlo, emitió un endiablado sonido que denotaba rabia. E impotencia. Acto seguido, dio media vuelta y dejó atrás al can. "Vaya, parece que ha funcionado", pensó este.

Suspiró aliviado, aunque a medida que presentía que se alejaba no lograba que desapareciera el temblor de piernas que padecía. Por lo que cogió aire una y otra vez mientras lo mantenía en sus pulmones hasta no poder más con tal de calmarse. Cuando lo logró, siguió estando alerta hacia cualquier indicio que pudiera avisarle de que el león regresara. Pero de nuevo se sobresaltó. Le estaban observando. Y dedujo que lo estuvo durante todo aquel momento. Por mucho que miró a su alrededor no podía localizar la procedencia de la sensación. Sería que un pequeño sonido en las ramas de los arboles hiciera que fijara su atención en ellas. Y allí, en el cobijo que las alturas concedían, observó al mismo mono de antes. "¿Qué haces ahí?", quiso saber. Pero este no dijo nada. Sólo sonrió de forma maquiavélica y volvió a marchar.

Trató de seguirlo. Y de hecho lo hizo. Pero después de correr detrás suyo unos 200 metros se detuvo. Delante de él estaba otra vez aquel león. Guardó silencio con tal de no llamar su atención. Aunque, de improviso, observó que de un brinco el mono le frenaba el paso colocándose ante su cara. Cuando este iba a atacarle se detuvo después de que el simio le hiciera una señal. "Te ha engañado, mi querido amigo", le reveló.

- ¿Qué?

- Sí, lo que oyes. He visto toda la escena.

- No te creo. Más te vale que te apartes de mi camino si no quieres convertirte en merienda.

- No seas impaciente. Si me prometes que serás el guardián de todos mis familiares te volveré a llevar donde él y podrás saciar tu apetito.

El león pareció dudar. Además, estaba relamiéndose con la simple presencia de aquel ser saltarín. "Como me mientas ya sabes qué es lo pasará", esgrimió en susurros. Al oír esto, el perro optó por regresar a lugar en el que estaba el montón de huesos. Tenía que darse prisa. Sabía lo que tenía que hacer. Aunque todo dependía de lo que tardara el mono en contarle lo que en realidad había sucedido. Lo hizo con sigilo. Intentando pasar desapercibido. Y en cuanto llegó supo que tenía una oportunidad.

Olfateó el ambiente. Disponía todavía medio minuto por delante antes de que llegaran. Así que comenzó a andar de un lado a otro fingiendo impaciencia. Y esto no le costó mucho. Sólo tuvo que disfrazar su nerviosismo dándole esa misma apariencia. Mientras tanto, mascullaba sobre dónde se habría metido el mono de marras. Y es que hacía más de una hora que le dijo que trajera otro león de víctima. Tenía hambre. Y ellos suponían el mejor alimento de la zona. Si no quería acabar como todos los que conformaban la pila... más le valdría darse prisa. Y no sólo por él, también por los suyos. Aquella insignificante criatura no sabía con quién se había metido.

Nada más escuchar esto, el león dio un zarpazo al mono tirándole al suelo desde su lomo. Colocó sus garras sobre su pecho y comenzó a babear por la rabia. "¿Acaso creías que podrías burlarte?", rugió encolerizado. "Mira que te lo avisé". Nada más decirlo, abrió sus fauces de par en par y clavó su su mandíbula en el cráneo del animal. Un enorme chasquido delató la rotura de este. No emitió ningún quejido. Nada que reflejara el dolor que podría haber sentido en ese instante. En cuanto probó el sabor de su sangre, la fiera comenzó a devorarlo. Primero desde la cabeza. Pasó después a su tronco. Desechó la cola para terminar con la carne de sus extremidades. Una de las costillas la usó a modo de palillo con tal de limpiarse los dientes de cualquier resto.

Pero el perro no se quedaría ahí a observar toda la escena. Aprovechó el éxtasis del león para salir corriendo. Lo hizo a toda prisa, como si el mismo diablo le persiguiera. Y de hecho así fue. Al poco, escuchó la furibunda voz del león. Había terminado. Y le estaba buscando con tal de convertirlo en su próxima presa. Aceleró el paso. Sin saber cómo, atravesó el bosque de lado a lado hasta llegar a su límite. Ante él, la inmensa sabana parecía nacer hasta llenar toda la inmensidad. Aunque en medio de ella distinguió un punto que le era muy familiar. Era el vehículo que los transportaba. Aquel animal tan extrañamente frío que emitía raros sonidos. A su lado, sus amos le reclamaban. Fue hacia ellos y nada más llegar saltó al interior aprovechando que una de las ventanillas estaba abierta. A lo lejos, en la frontera del bosque, observó la silueta de su perseguidor mientras bramaba completamente exasperado.


*Nota: este relato está basado en la fábula "El perro, el león y el mono".

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