El peso de las dos máscaras
No podía ser tan sencillo y, al mismo tiempo, disponer de tal sofisticación. Contempló su rostro. La timidez e inseguridad que irradiaba. También su cuerpo encorvado. El mismo que tantas veces le había resultado inmensamente frágil. Aquel que parecía poder romperse con un simple soplo. "Quítate otra vez las gafas", le pidió.
Con un gesto torpe, y a la par que le temblaban ambas manos, las retiró. Su rostro adquirió inmediatamente una tremenda dureza que transmitía seguridad. Y aquella anatomía pareció erguirse mientras su poderío era reflejado en el traje a través de su imponente musculatura. Todo eso resultaba ser increíble. Era un disfraz ilógico. ¿Pero cuál de las dos versiones que había contemplado lo era?
Dudó sobre cómo hablarle. ¿Siendo la periodista que tanto tiempo estuvo siguiendo sus andanzas? ¿De la forma en que lo haría la compañera que había visto tantos de sus desastres? ¿Desde el punto de vista de una amiga que le tenía un amor infinito? ¿O desde la persona que estaba profundamente enamorada del misterio que suponía su heroica figura? De repente, se le ocurrió algo trivial. No sabía si funcionaría, pero tenía que intentarlo.
- ¿Qué es lo que más te gustaría poder hacer y qué no puedes?
Al oír esto, volvió a ponerse las gafas. La figura familiar del torpe reportero reapareció. Y sonrió de manera hermosa. Incluso ingenua. "Dame un momento", contestó. Fue al mueble bar que Lois tenía en su piso. "¿Me permites?", le preguntó antes de abrirlo. "Sí, claro, por supuesto". Sacó una botella de whisky y dos vasos. En cada uno de estos echó un par de hielos y vertió la bebida. Le ofreció uno. Ella lo aceptó con agrado.
- Esto mismo. El no sentir cosas que a vosotros os son tan comunes. El mero hecho de emborracharme, por ejemplo. Aunque sea un poco.
Tras decirlo dio un trago. Pareció disfrutar de su sabor con un exquisito placer. "¿No sientes nada?", le preguntó su compañera del «Daily Planet». "Una especie de cosquilleo que dura un instante; sus efectos desaparecen muy rápido".
Lois también bebió un poco. "Interesante", masculló. "Dime, ¿quién me está hablando? ¿Clark o Superman?", quiso saber, aunque le costó demasiado expresarlo. Mucho más de lo que le hubiera gustado. El interrogado volvió a sonreír.
- El hijo de Jonathan, Martha, Jor-El y Lara Lor-Van. Soy hijo del planeta Tierra. El descendiente de Krypton. Unas veces soy Superman. Otras Clark Kent. En estos momentos soy yo. Soy la persona que después de mucho dudar se ha quitado los disfraces. Soy el que soy cuando no estoy atado a nada. Soy Kal-El.
- Es decir; tienes dos altera egos.
- Creo que lo has descrito a la perfección.
- ¿Y no te sientes atraído más por uno que por otro?
- No, eso no me causa dolor de cabeza. Lo que me apena es no poder mostrarme tal y como soy. Que la gente no pueda ver mi verdadero interior.
- ¿Me estás diciendo que tienes tres personalidades diferentes?
- Por favor, deja de ejercer de periodista. Sólo te estoy diciendo que este que ves aquí delante tuyo es la verdadera persona. Superman y Clark son un complemento. Las piezas que componen un puzzle. Son parte intrínseca de Kal-El. Nada más y nada menos. Es parecido a mis disfraces. Ahora te parece complicado, pero es muy sencillo. Uno supone mis fortalezas. El otro mis miedos. Y los dos forma la persona que soy. Y esta es la primera vez que aparezco delante de alguien. Después de tanto tiempo me he quitado un peso de encima.
Lois meditó sobre lo que acababa de escuchar. "Entonces, todas las entrevistas que me has concedido como Superman son una especie de teatro. Lo mismo pasa con las horas que hemos trabajado juntos. Estabas preso de tus circunstancias. Y esta es la primera vez que estás siendo realmente libre, ¿me equivoco?".
- No, no te equivocas. Es así. Así me siento por vez primera, por lo menos delante de otra persona. En la Fortaleza de la Soledad puedo ser yo mismo. Pero tal y como habrás deducido si partes de su nombre... es algo que no puedo compartir con alguien.
La reportera volvió a saborear el whisky. Acto seguido, bebió de trago lo que quedaba. "Ponme otro, por favor", le pidió.
- Vas a emborracharte...
- Esa es la intención. Además, alguno lo tendrá que hacer de tu parte. Y creo que eso es lo que me corresponde después de lo que acabas de contarme.
- Si insistes...
Le puso otra copa y se la dio. Ambos comenzaron a analizarse mutuamente. Fue tan descarado el gesto, y violento al mismo tiempo, que se pusieron colorados por la vergüenza. "Creo que nos hemos pasado un poco", comentó Kal-El.
- No creas. Podría haber sido más visceral. Por cierto, ¿de qué color es mi ropa interior?
- No me hagas hacer eso. No me sentiría cómodo.
Lois suspiró. Bebió un poco más. "¿Me estás diciendo que no sientes curiosidad? ¿Estás en mi casa abriéndote en canal y me dices que no eres capaz de desviar un poco la atención con tal de calmar los nervios?".
- Eso es.
- Hazlo. Y ve de arriba abajo. Tómate el tiempo que necesites.
- Si eso es lo que quieres.
- Si no fuera así no te lo pediría.
- De acuerdo.
- Pero tienes que describir todo lo que veas.
- Está bien.
Kal-El suspiró. De nuevo, se quitó las gafas dejando ver esos duros rasgos que fueron reemergiendo como por arte de magia. Fijó su atención en ella.
- Tu sujetador es negro. Sus dibujos parecen flores en la zona más fina de su tela. Tus pechos son fuertes. No son exuberantes en tamaño, pero son gráciles y hermosos. Los describiría de atléticos.
- Ve más allá...
- ¿Te refieres a debajo de la prenda?
- Sí...
- Resultan firmes. Tienes un par de lunares en el izquierdo que hacen todavía más interesante la silueta del canalillo. Tus aureolas son oscuras y sugerentes mostrando unos pezones endurecidos por el instante.
- Sigue, baja...
- Tu vientre es firme hasta llegar al ombligo. Su centro está marcado por la musculatura que tiende a encorvarse bajo este formando una diminuta barriga que desciende hasta llegar a la ingle.
- Dame un momento.
En ese instante, abrió sus piernas. Hasta entonces las tuvo entrelazadas. En medio de ellas colocó la tela de la falda negra que vestía. "Continúa".
- No llevas bragas. Puedo ver tu sexo prácticamente casi sin vello. Sólo hay una fina línea realzando tu atractivo secreto. Y los labios están comenzando a hincharse por la excitación.
- Sí, así me voy sintiendo. Pero por hoy es suficiente. La prueba ha finalizado. Ya terminaré luego con mis propias manos.
Al escuchar esto, fue Kal-El quien ingirió su bebida de una tacada. "Vaya, te has puesto nervioso. Eres más humano de lo que aparentas", comentó Lois con ironía. "Y por lo que veo también reaccionas ante los instintos carnales", dijo fijándose en su abultada entrepierna.
- Sí, pero tal y como has comentado, por hoy es suficiente. Deberíamos retirarnos y seguir mañana. Lo mejor sería que fuera después del trabajo.
- No es mala idea. Pero dime una cosa. ¿Cómo es el verdadero Kal-El?
- No lo sé. No podría describirme. Tendrás que ir descubriéndolo. Y sería interesante que yo también lo hiciera. Hay muchas cosas que desconozco sobre mí.
- Ya veo. Eres un misterio hasta para ti mismo.
- Sí, exactamente.
- Pues parece que tenemos una complicada misión por delante.
- Eso parece.
Guardaron silencio mientras volvían a observarse detenidamente. No rieron. No sonrieron. Sólo se miraron directamente a los ojos. "Creo que va siendo hora de que me vaya", expresó al fin Kal-El.
- Sí, es lo mejor.
- Hasta mañana.
- Anda, vete de una vez. Buenas noches.
Ahí fue que él haría un gesto de aprobación que fue contestado con otro. Se dio la vuelta y abandonó el piso surcando los aires.
Lois lo siguió con la mirada hasta verlo desaparecer. "Increíble", murmuró. Tras esto, fue al mueble bar y agarró una botella de agua con gas. También un poco de zumo de limón que tenía exprimido. Tras echar un poco de este en un vaso limpio, lo acompañó del contenido del envase tras abrirlo. Al igual que hiciera con el whisky, lo bebió con un solo movimiento. "¡Joder! Tenía que haberle preguntado qué es lo que sabe sobre Lex Luthor", lamentó.

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