Una silenciosa conversación entre la multitud




Mientras observaba al joven Anakin, sintió un poder familiar. Parecía esconderse, pero al mismo tiempo decirle que estaba ahí. Trató de localizar su lugar de origen, aunque le resultaba complicado. La enorme multitud habida en el funeral de Qui-Gon Jinn se lo impedía. Además, la gran presencia de Jedis iluminaba el evento. Cualquiera usuario del Lado Oscuro de la Fuerza podría ser detectado con facilidad. Pero no era imposible pasar desapercibido. A él no le habían encontrado. Y aquel otro se camuflaba a la perfección estando entre ellos. Diría que, incluso, estaba cómodo vistiendo su disfraz.

Volvió a prestarle atención al crío. Sí, los miedos que sentía ante lo que tenía delante lo convertían en un perfecto candidato a ser un futuro Sith. Además, el dolor por dejar atrás a su madre los convertían en un catalizador perfecto. Sólo tendría que esperar el momento adecuado. Aguardar a que las correspondientes cartas estuvieran sobre la mesa. Pero una voz le dijo que se olvidara de ello. Ya había completado su misión en aquella parte del plan. Ahora le tocaba a otros. Él tendría que actuar desde las sombras y seguir fingiendo ser una criatura torpe e ingenua. ¿Pero de quién podría provenir ese mandato que lo paralizaba por completo? Pronto comprendió que si se interponía en su camino sería eliminado con suma facilidad.

Tratando de averiguar la identidad del emisor de la comunicación, fijó su interés en Obi-Wan. Si aquella persona era lo que creía, tendría que estar cerca del joven maestro. Él mismo lo hubiera hecho así. De hecho, hasta ese momento se había comportado de esa manera. A su lado estaba Sheev Palpatine, el senador de Naboo. Pero entre ellos había una invisible barrera que nadie percibía. Es más, él la sintió porque el propio Palpatine lo quiso. Entonces comprendió. Y un nombre le llegó a la cabeza a modo de presentación: Darth Sidious. No lo podía creer. Así que este era el aprendiz secreto del gran Darth Plagueis. Le resultaba imposible creer la facilidad con la que se movía entre los Jedi. Su disfraz era una auténtica obra de arte.

Y estaba controlando todo. Nada de lo que ocurría a su alrededor se le escapaba. "Demasiado has tardado en darte cuenta, mi querido Jar Jar", le dijo mentalmente. Era un claro mensaje de advertencia. Si osaba interferir en sus planes sería fulminado antes de que pudiera intuirlo. "Así es, tu venerado Plagueis ya ha sido sacrificado. Yo soy el auténtico y único Señor de la Oscuridad", prosiguió.

Aunque esto lo sorprendió, no le cogió estando del todo desprevenido. Su presencia allí, y de esa forma, sólo podía significar eso mismo. Además, que el estudiante acabara con el tutor era inherente a las costumbres Sith. Tarde o temprano tendría que llegar ese desenlace. Aunque lamentaba no haber podido conocer a Plagueis, a esa leyenda que hasta poco fue viva. Ahora sólo era un recuerdo. Uno que perduraría, pero que sería desechado con absoluta naturalidad. "Comprendes bien y rápido, no esperaba otra cosa de tí", comentó de la misma manera que hasta entonces. Y le fascinó lo perfecta que era la mascara de pena que portaba. ¿Actor? No era que fuese un magnífico intérprete, era que se hacía uno con el entorno. Lo atraía hacia él con un exquisito cálculo sin resquicio posible.

- Muy bien, mi señor-, expresó el gungan-. ¿Cuál va a ser mi papel a partir de ahora? Sabe de sobra que puedo serle de mucha utilidad por la cercanía que tengo con Anakin y el resto de los Jedi. Por no hablar del conocimiento sobre mi propio pueblo.

- Lo primero será que permanezcas aquí en muestra de sentido pésame. Después pasarás a ser un fiel asesor de Padmé Amidala, al igual que yo. Llegado el momento, tú serás el encargado de anunciar el inicio de una nueva era.

- Es decir; lo que pretende es llevar a cabo una guerra psicológica desde la raíz de la burocracia.

- Exacto.

- Y tendremos que seguir manteniéndonos en el anonimato, tal y como hasta ahora hemos hecho.

- Eso es.

- Pero dígame una cosa. ¿Qué haremos con los mienbros del Consejo Jedi? ¿No notarán sus planes?

- Bien, lo has entendido a la perfección. Son mis planes. Y punto. Respecto a lo otro... ¿qué están haciendo Yoda y Mace Windu?

¿Estaban allí? No podía creerlo. No había notado su presencia. Prestó atención. Y no tardó en localizarlos. Parecían conversar sobre la muerte de Darth Maul. Estaban confundidos. Aunque supieran lo que tenían delante no lo comprendían. Asimismo, su papel en la política de la República los había cegado. Demasiados lujos había alrededor de ellos. Demasiados privilegios.

- Van a formar parte de una perfecta obra de teatro - expresó el Senador -. Van a sentir la misma impresión que tú al momento de darte cuenta de mi presencia y la de ellos. Sólo que cuando lo hagan ya será demasiado tarde. Todo el orgullo que han ido plantando les reventará en sus caras sin darse cuenta. Y al percibirlo ya será demasiado tarde.

- Y la clave de todo es el joven que está a su lado.

- Descubrirá que hay cosas que solamente pueden aprenderse a partir de un Sith.

- Ha logrado usted leer el futuro, por lo que veo.

- No. Lo estoy escribiendo.

Jar Jar guardó silencio mientras asimilaba todo lo que le había sido revelado. Contempló de nuevo al chico. También a Obi- Wan y a Palpatine. Y este sonrió. Nadie más lo percibió. Estaba satisfecho. Contento. Pero un aura maligna prácticamente invisible sobresalía de él. Y ante esto el gungan sintió un miedo atroz que le sirvió de consuelo. La inocencia del chico había logrado que se encariñara con él. Incluso llegó a codearse con el Lado Luminoso de la Fuerza. Pero todas sus dudas fueron disipándose con la revelación. Todo comenzaba a estar en orden. En conjunción a cómo debían ser las cosas. Lo único que tendrían que hacer era armarse de paciencia. Y eso era algo que a los Sith les sobraba. Los milenios que pasaron en la sombra lo atestiguaban. Pronto podrían salir a la superficie y acabar con la luz. Y así cobrar su venganza.

- Entonces, lo mejor será que nos pongamos en marcha -sugirió el gungan.

- No, tú eres el que tiene que empezar a cumplir su parte. Todo esto empezó hace mucho tiempo. Incluso antes de nuestra existencia. Te toca hacer lo que te corresponde. Sólo somos una pieza de algo mucho más grande.

- Y en ese plan usted es la punta del iceberg. La cabeza visible que habrá de permanecer escondida hasta que llegue el día adecuado.

- No, ese día ya está aquí. Pero los Jedi no tienen ni idea. Iremos mostrándoles las cosas poco a poco. Lo haremos con tanto esmero y dedicación que ni siquiera sabrán qué es lo que ha pasado.

- ¿Y qué papel juega en todo esto el Consejo?

- El mismo que hasta hora. Son unos tristes maniquís.

- Brillante.

Palpatine volvió a sonreír. Aunque esta vez su mirar estaba dirigido al muchacho. "Tiene un futuro prometedor por delante", señaló.

- Sí, así es mi Señor.

- Bien, has comprendido. Guarda silencio y haz lo que tienes que hacer.




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