"Quizás tendría que haber venido a visitarle"...



A medida que avanzaba por el pasillo, el repicar de sus pisadas se hacía cada vez más latente. A esto había que añadirle el sonido que también provocaba cada paso del enfermero que le acompañaba. Y la galería era fría, además de claustrofóbica. Con paredes blancas y sin brillo. Al fondo, un enorme cristal daba a un jardín que jamás veía a los ingresados pasear por él. Lo hacían en un aséptico patio en el que el asfalto presidía cada esquina sin el más mínimo atisbo de vegetación.

Poco antes de llegar a la cristalera giraron a la derecha. Otro corredor fue abriéndose ante ellos. Y este era todavía más tétrico. Entonces, después de mucho andar sin que el silencio fuera roto, el sanitario habló.

- Imagino que te lo habrán dicho, pero te lo repetiré por tu bien. Además, me lo exige el protocolo. Es por tu seguridad. No podrás sentarte. Tendrás que estar de pie, a dos metros de él. Incluso sentado, podría levantarse y atacarte. Pero estate tranquilo. No puede llegar. Está esposado y maniatado a unos grilletes. De todas formas, esa distancia está marcada con una raya en el suelo. Lo único que tienes que hacer es estar detrás de ella.

Sintió un nudo el estómago al escuchar aquello. Y tragó saliva por el nerviosismo. Parecía que no iba a ser capaz de articular palabra. "Está bien, así lo haré", logró decir después de mucho esfuerzo. "¿Qué es lo que me voy a encontrar?", preguntó armándose de mucho valor.

- ¿No has venido a verle en estos 18 años?

- No, nunca. Jamás he estado en tentación de hacerlo... hasta ahora.

- Bueno, pues entonces no sé qué decirte. Lo mejor es que lo veas con tus propios ojos y saques las conclusiones que creas convenientes.

- Quizás tendría que haber venido a visitarle...

- Eso ya lo descubrirás luego. Ven, sígueme. Está justo aquí al lado.

Entraron en una pequeña sala. Al fondo, casi de espaldas a la pared, vio la figura de aquel hombre al que venía a ver. A medida que iba acercándose, y discernía sus desgastados rasgos por el encierro, descubrió con sorpresa que era igual que verse a sí mismo. Sólo los diferenciaba sus pobladas y largas barbas. Además de una aséptica mirada que parecía carecer de cualquier signo de vida. Se colocó en el lugar que le dijo el enfermero. Y este aguardó a una distancia prudencial por si algo sucedía. Hugo levantó la cabeza. Nada más reconocerle, sonrió de una manera tan antinatural que le provocó un pánico terrible. "¿Que haces aquí?", pareció querer saber de forma inquisitorial.

Esto le sobresaltó. Su voz era mucho más gruesa que la suya. Estaba raída por todo el tiempo que estuvo sin hablar. "Vamos, ¿qué haces aquí? ¿Por qué has venido?", expresó con unos encolerizados susurros.

- Tienes los mismos ojos que Maggie.

- ¿Y qué quieres decir con eso? Es mi hermana. Y la tuya. En algo nos tenemos que parecer. ¡Vamos! ¡Habla! ¿Qué es lo que quieres?

- Tengo algo que contarte...

- ¿Y qué es?

- Dentro de cuatro días Lisa será ejecutada.

- Vaya, qué raro. ¿Y por eso me molestas? Bart, lo tuyo no tiene nombre. ¿Sabes todo el tiempo que llevo aquí encerrado?

- Sí, lo sé de sobra.

- ¿Y que fue después de que me encontraran tras haber pasado 10 años entre las paredes habidas en la casa de Homer y Marge? Ellos os escogieron a vosotros dejándome a mi suerte. ¿Acaso crees que me importa lo que le pase a alguno de vosotros?

- Hace cinco años asesinó a Milhouse.

- ¿Y? Es algo normal. Se veía venir. Esa obsesión que tenía con nuestra hermanita no podía traer nada bueno.

- ¿Lo sabías?

- Os escuchaba muchas veces. A vosotros y a vuestras visitas. Aquellas paredes me permitían hacer muchas más cosas de las que crees.

- ¿No quieres saber qué es lo que pasó?

- ¿Te digo la verdad? Me importa una mierda. Pero esta visita es de dos horas. Así que, si no quieres perder el tiempo, puedes hacerlo. Aunque lo mejor será que te sientes. No vaya a ser que te canses. Este amable enfermero te traerá una silla. ¿No es cierto?

Al oír esto, el joven hizo un gesto de desprecio. Pero le acercó una a Bart. Y este se sentó. "¿Sabes? Estudié mecánica y he abierto mi propio taller", le confesó tratando de romper el hielo

- Qué interesante. Yo he escrito una tesis sobre la relatividad de las horas habidas en estas paredes.

- Eres muy cruel.

- ¿Y qué es lo que esperabas?

- Pues no lo sé, la verdad.

- Déjate de cháchara. Y haz lo que has venido a hacer. Cuéntame lo que le sucedió a nuestra hermanita.

***


"Empezaré por lo que vi cuando llegué a la casa que compartían. Me llamaron estando en el trabajo. Fue Homer. No me dijo qué era lo que pasaba. Sólo que tenía que ir. Y que era urgente. Que algo terrible había sucedido. Al ir acercándome veía todo el movimiento de policías y médicos. Nada más verme, el jefe Wiggum apartó la mirada. Parecía sentir vergüenza. Frené y aparqué el coche delante de la vivienda. Está a unos 100 metros de la de Ned Flanders. Vive sin compañía desde que Rod y Todd acabaran metidos en la Cienciología. Por lo menos, Maude no llegó a verlo. Le hubiera partido el corazón. Murió en un accidente cuando eran niños. Y Ned... nunca volvió a ser el mismo. Y lo de los chavales terminó por empujarle a encerrarse más en sí.

"Pero a lo que iba. Nada más bajarme noté una camilla. En ella había una persona. No tenía síntomas de vida. No tardé mucho en reconocerlo. Su pelo azul era inconfundible. Entonces, lo único que me vino a la cabeza fue Lisa. ¿Que había pasado? ¿Cómo estaba? Algo me decía que, dentro de las circunstancias, estaba bien. Que era algo que tenía que pasar tarde o temprano. Llevaban dos años saliendo. Y ni siquiera sé por qué accedió a ello. Tal vez fuera la soledad que sentía después de divorciarse por primera vez. Aquel tipo era un auténtico cabrón.

"Entonces la vi. Estaba esposada. Y detrás de ella volvió a aparecer Wiggum. Parecía llorar. Pero el rostro de Lisa dibujaba alivio. Como si hubiera quitado un peso que llevara mucho tiempo arrastrando. Sonrió nada más verme. Y aunque había satisfacción en ese gesto, también lo ocupaba la pena. Y no era por lo que acababa de suceder. Sino por la gente que la rodeaba. En el fondo, parecía estar diciéndome que me disculpara por ella ante nuestros padres. Aquel iba a ser un golpe del que jamás se recompondrían. Y esa sensación fue más profunda al contemplar a Luann, la madre de Milhosuse. Miraba el cadáver de su hijo con desprecio. Como si supiera que lo que tenía que pasar era inevitable. Acabó abalanzándose sobre Lisa mientras le daba un profundo abrazo y le pedía perdón. La situación era increíble. Surrealista, quizás.

"Ralph se puso a mi vera. Nunca imaginé que el traje de oficial de policía le quedara tan bien. Ingresó en el cuerpo poco después de cumplir los 21. Quién lo iba a decir. Aquel chaval tan torpe del que todos nos reíamos resultó tener déficit de atención. Además de poseer una inteligencia superior a la media. Optó por esa vida en honor a su padre. Decía que no tenía intención de hacer nada grande. Que eso ya lo harían los demás. Y siempre que lo comentaba lo hacía cuando Lisa estaba a su lado. Parecía tener puestas muchas esperanzas en ella.

"«- Lo ha matado clavándole cuatro veces un gran chuchillo -me dijo nada más estar a mi lado-. Fue en el estómago. Después le degolló el cuello de parte a parte. Los médicos no han podido hacer nada por él. Ella misma llamó a la ambulancia. Fue todo muy frío, y puede que hasta calculado. Algo en su interior ha reventado esta mañana. Hemos venido demasiadas veces a petición de los vecinos».

"No contesté. En vez de ello puse mi mano sobre su hombro y lo estrujé tratando de darle ánimos. Sin saber el porqué, habíamos intercambiado los papeles. Después, fui directo hacia Lisa. Pero Ralph me frenó. Con una mirada me indicó que no podía hacerlo. Tendría que esperar si quería hablar con ella. Y deseaba con toda mi alma que me explicara las cosas. Vi la forma en que la metían en el coche patrulla. En cómo se alejaba sin prestar atención a lo que alrededor suyo sucedía. Parecía haberse conformado. Por primera vez en mi vida contemplé a mí hermana resignarse. Y parecía satisfecha.

"Entonces descubrí la presencia de Homer y Marge. También la de Maggie. Ellos dos estaban perdidos. Conmocionados. Sin saber ni poder interiorizar lo que les contaban. Nuestra hermana lloraba. Y era una mezcla de alegría y desolación. Al ir donde ella me comentó que todo había acabado. Que Lisa había recuperado la libertad. Aunque su vida estuviera rota. Pero no fue en ese instante. No fue al cometer aquel crimen. Esta estuvo destrozada desde el momento en que comenzó a salir con Milhosuse. Poco a poco fue haciéndola más pequeñita. Hiriendo su autoestima hasta volverla completamente dependiente de él. Lo de aquel día fue la simple consecuencia de tanto tiempo sintiéndose una mierda".

***


"Cuando estuve delante de ella fue en la comisaría. En la Sala de Interrogatorios. Estábamos tal y como tú y yo nos encontramos ahora. Sólo que, en este caso, nos separaba una mesa. También estaba esposada. Pero sus manos daban a su espalda. Nada más verme, soltó una lágrima. Comentó que sentía haberme arrastrado a esta situación. Y que comprendía que hubiera sido el elegido de la familia con tal de hablar con ella. Estaba convencida de que nuestros padres no hubieran podido sobrellevar ese momento. Tampoco Maggie. Y que yo me rompería después de eso. Y así fue. Pero hasta terminar traté de mantener la compostura. No porque quisiera hacerme el duro, sino porque la situación lo requería. Fui al grano.

"«- ¿Qué ha pasado?»

"Lisa tenía la mirada perdida. Sonreía sin apartarme los ojos. «Nada. Lo que tenía que suceder». Lo dijo de forma tan natural que llegué a asustarme. Sí, estaba resignada, y aliviada al mismo tiempo. «Ya no estoy presa».

"« - ¿Cómo?

"«- Cuando me levanté por la mañana bajé a la cocina. Y lo vi tirado en el sofá. Estaba despierto. Pero seguía borracho. Nada más notar que estaba allí, dio una calada al cigarrillo que fumaba. Después, un trago a la cerveza que tenía sobre la mesita. Me ordenó que le preparara el desayuno.

"«Obedecí. Fui a la cocina y corté un poco de bacon. De la nevera saqué un par de huevos y comencé a exprimir las naranjas del zumo que tomaba por las mañanas. Decía que eso le aclaraba la mente. Pero nada más empezar a cocinar entró por la puerta. Olía a alcohol que echaba para atrás. A gritos, me exigió que no hiciera ruido. Que le dolía la cabeza. Dando un golpe en el armario, sacó una aspirinas. Las engulló como si fueran gominolas. Otra vez a gritos, dijo que me diera prisa, que tenía que ir a trabajar y yo limpiar la casa. La quería ver igual que la patena cuando llegara. Me llamó inútil. Me dijo hasta en seis ocasiones que lo era y que no sabía hacer nada. La niña prodigio del pueblo había destrozado su vida y debía conformarse con un tipo como él. Y que tenía suerte de ello. Inútil, volvió a repetirme. Menos mal que le tenía a él. Maldijo el día en que nos conocimos y el que comenzamos a salir.

"«Con un portazo marchó a la ducha. Vociferó que, por mi bien, el desayuno tendría que estar en la mesa cuando volviera. Que resultaba increíble que todo lo tuviera que hacer él. Que yo no sabía hacer nada. La niña especial del pueblo era un cero a la izquierda sin capacidad de sobrevivir si no fuera porque le tenía a él. Aquel que siempre había sido considerado un perdedor era el que mantenía a la joya de la corona.

"«Esto lo berreaba mientras iba al baño. Le oí meterse en la ducha y activar el agua. La forma en que soltaba los esputos ayudándose con el vapor. Aquello era asqueroso. Nauseabundo. Nunca los limpiaba. Siempre los dejaba ahí con tal de recordarme que eso era a lo que le había llevado el vivir conmigo. Que era la metáfora perfecta de nuestra relación. Ellos eran yo y tenía que deshacerme de la mierda que creaba. Era así de sencillo. Así de lógico.

"«No sé cómo lo hice. Fue sin más. Un acto reflejo sin pensar ni planificar. Quizás acabé saturada. Reventando. Pero mientras bajaba habiendo terminado de ducharse por nada del mundo hubiera imaginado lo que iba a suceder. Fue su fragancia. Esa mezcla de perfume barato y el olor del alcohol. Y su mezquina sonrisa nada más entrar a la cocina diciéndome lo mucho que me quería. El tremendo puñetazo que soltó sobre la mesa después de ello. El sentir mi cuerpo temblando de miedo acercándole el zumo mientras le veía devorar la comida como si un cerdo se tratara.

"«Sólo sé que no lo pensé. No me di cuenta de que tenía el cuchillo en la mano. Eruptó con desdén y asco nada más terminar de trago la bebida. Soltó que ni eso era capaz de hacer decentemente. Y que aquella era su cariñosa forma de hacerme comprender que tenía que poner de mi parte.

"«Me abalancé sobre él. Fue todo muy rápido. En mi cabeza nada había. Sólo sentía el mango del cuchillo en mi mano. Y el calor de su sangre en ella mientras manaba al clavárselo una y otra vez. Así hasta cuatro veces. Las conté. Luego me puse detrás de él y le rajé el cuello. Percibí la forma en que su piel cedía ante el filo del arma. ¿Pero sabes qué fue lo más curioso? Que no gritó. No emitió signo alguno de dolor. Ni siquiera soltó el vaso de cristal. Aunque luego lo tirara al suelo con furia. Y me señaló con el dedo mientras refunfuñaba con sus babas rojizas expresando toda la rabia y odio que guardaba en su interior. Quedó inconsciente. Estuve contemplando durante cinco minutos cómo se ponía cada vez más blanco por la perdida de sangre. Entonces llamé a urgencias. Y a la policía. Les dije lo que había pasado. Lo que iban a encontrarse. Y ahora me ves aquí. Esposada y en la cárcel. Pero al fin soy libre»".

***


"No quiso decir nada más. Por mucho que insistí no habló. Ni siquiera lo haría en el juicio. Su abogado lo hizo por ella. En esos días parecía estar abstraída. Pero se quedaba con todo lo que pasaba alrededor suyo. Incluso sonreía de vez en cuando. Sobre todo al momento de ser pronunciado el nombre de Milhouse. Sabía de sobra que todos nuestros amigos acudieron a las sesiones en algún momento u otro. Nunca nos miró a la cara. Y no fue por vergüenza. Era para que no contempláramos su rostro escrito en la satisfacción. Pasara lo que pasara se sentía libre. Incluso sabiendo de antemano el veredicto que la condenaría a muerte. Estaba feliz. Extasiada. Y eso era lo que no quería que viéramos. No quería hacer que comprendiéramos lo que sentía"

***


Hugo estuvo pendiente de él en todo momento. En ningún instante apartó su mirada. Y a medida que avanzaba su relato esta era cada vez más enajenada. Su gesto acusador fue tornándose más palpable y visible. "Bien, ¿y qué quieres que te diga?", expresó.

- Nada, sólo quería que oyeras la historia.

- Bueno, pues ya está. Ya estás satisfecho. Tal vez deberías marcharte. ¿O es que acaso te sientes culpable?

- ¿Culpable? No, no es eso.

- Ya. Lo que ocurre es que ves a Lisa en mí. Y contigo te sucede lo mismo. Te preguntas si esto es un intercambio de papeles.

- Tal vez...

- Dime una cosa; a ver si puedes saciar la única duda que tengo de todo esto...

- Adelante...

- ¿Quién tiene ahora un peso sobre sus espaldas?

- Imagino que la persona que tienes enfrente.

- ¿Y el de Marge y Homer? ¿Cómo crees que será?

- Enorme...

- ¿Y el de Maggie?

- No lo sé. Parece hasta aliviada.

- Ya. Entonces eso quiere decir que no sabe nada de lo que nuestros padres hicieron conmigo.

- ¿Eso qué tiene que ver?

- No lo sé, pero si hubieran prestado la misma atención que yo invertí sobre Milhouse a través de las paredes... ¿sabes lo que tiene que ser el descubrir que siempre has tenido un monstruo delante y que este te ha pasado desapercibido?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Acaso no era tu mejor amigo cuando erais niños? ¿No has tenido nada que ver con lo que ha sucedido?

Bart guardó silencio. Comenzó a sentir unas enormes arcadas nada más descifrar el significado de lo que acababa de oír. No pudo contener el vómito que ascendía desde su estómago. Salpicó el lugar por completo. Incluso llegó a rociar el rostro de Hugo con él. Y este comenzó a reír. "¿Ves? A esto es a lo que me refería".

- Estabais tan ciegos que os centrasteis en mi persona. Llegasteis a la conclusión de que encerrándome finiquitaríais el problema. ¿Cómo es eso? Matando al perro se termina con la rabia. No, mi querido Bart. El problema siempre habéis sido vosotros mismos. Por eso ahora mismo has vomitado. Pero no por haberte dado cuenta de las consecuencias de vuestros actos. Sino porque finalmente te has mirado en el espejo. Y lo que has visto no te ha gustado, ¿verdad?

Bart volvió a vomitar mientras Hugo seguía riéndose mediante unas escandalosas carcajadas. Fue entonces que, al fin, el enfermero se acercara e invitara al visitante a abandonar la estancia a la par que el interno proseguía en su actitud.

Volvieron a cruzar aquel infernal pasillo. Y a medida que lo atravesaba, Bart tuvo la certeza de que, en realidad, iba adentrándose más en él. Sus direcciones indicaban sentidos opuestos. Entrar significaba liberarse. Salir caer en un pozo. Y lo que Lisa había hecho condenándose era poder volver a volar. Y esas alas se las había cedido a Hugo. Las de Bart acababan de cercenarse. Él era quien acababa de perder la libertad al haber realizado aquel recorrido. Al igual que el resto de sus conocidos.





















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