LAS COLINAS SIN OJOS

Las colinas dejaron de tener ojos
con los que mirar el horizonte,
con los que otear las mañanas,
con los que otear las distancias
y la importancia que le era dada al valor.

Mientras la sangre cubría todo de rojo
se tornaron en mortales
los que se decían valientes
al enamorarse de la brega.

Del buen nombre que daba caer en los campos
que tendían a ser fértiles
en vistas de su menester
sin el mal uso de la guadaña.

Las colinas habrían de perder sus ojos
al no concebir el horizonte
en las mentes que dibujan
cada matiz que dan los días
al serles borrado su significado.

Sin ojos las colinas abandonarían el oír
del río al transportar las aguas
por considerar que estaba seco.

Sin ojos las colinas claudicarían de sentir
la fé de lo más natural
al creer estar fuera de su núcleo.



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