La caída de Abel



El joven, quien apenas tendría 20 años, no apartaba su mirada de él. En el gesto no había nada inquisitivo. Ni siquiera parecía juzgarle. Pero, aunque trataba de disimularlo, reflejaba una inmensa curiosidad. ¿Hacia qué? A su persona. A sus movimientos. Sobre la forma en la que expresa su hablar. Y a su lado estaba aquella mujer. Un señorial y majestuoso bastón la ayudaba a desplazarse. A mantenerse en pie. Los rumores eran ciertos. Algún mal aquejaba sus huesos.

Cogió aire tratando de tranquilizarse. De eliminar todo el nerviosismo habido en su cuerpo. Sabía que iban a venir. Se lo comunicaron cuatro meses atrás. Justo cuando la comitiva real cruzó las fronteras del territorio que lo acogió hacía 24 años. No había visto crecer a Set, su hermano. Pero el anuncio de su nacimiento llegó a cada una de las esquinas del planeta. Aunque llevara mucho más tiempo sin ver a su madre. Su rostro había envejecido. Pero en sus ojos irradiaba el mismo calor que conoció desde antes de venir al mundo.

Les invitó a sentarse. Pero previamente colocó una serie de prendas con tal de que estuvieran más cómodos. En especial Eva. Sus dolores eran evidentes. Aunque trataba de disimularlo. Y sabía que no era por el orgullo de la alta posición social, sino porque no permitiría por nada del mundo que él, Caín, lo notara. Aunque nada más verlo supo que sus esfuerzos estaban siendo baldíos.

Les ofreció té. Antes de aceptarlo, Set pidió permiso a su progenitora. Y lo hizo sin dirigirle la palabra. Un gesto cómplice con la mirada bastó. Ella asintió. Mientras les servía las bebidas, Caín sonrió. Tenían la misma complicidad que había vivido cuando era niño. Antes de que Abel decidiera que debía desplazar a Adán en el trono. Y a él de la sucesión por ser el primogénito. Fue lo mismo que hiciera en su momento su padre con El Primero. ¡Ay, su familia! Esa que fue imponiéndose a todas las tribus que vivían en su valle de origen. Aunque quién sabría si habían estado siempre allí. Si provenían de otra zona.

- ¿Qué tal estás? ¿Los dioses te han bendecido con hijos?

Eva lo dijo con ojos llorosos. Eran los mismos que no pudieron decir nada cuando tuvo que exiliarse. Los mismos que sabían que aquello fue una injusticia mientras expresaban el dolor de un corazón roto.

- Tranquila, madre. Sabes que tengo dos. Si nos dejan... luego te los presentaré.

La mujer sonrió. Y lo que dibujaba su rostro era felicidad. Pero su mirar no podía disimular la pena. "Me hubiera gustado tanto estar en tu boda"...

- Lo sé...

- ¿También el porqué de que estemos aquí?

Caín guardó silencio. Agachó la mirada con tal de que Eva no viera su sufrir. Pero sabía que no le hacía falta. Lo conocía a la perfección. Más incluso que él mismo. "Sí, creo que sí... al igual que tengo la certeza de que acabaré como en su momento nuestro Padre Adán le dio final a Lilith".

- Falleció hace cuatro años.

- Me lo comunicaron las huestes de Gabriel. Desde entonces estoy esperando este momento.

- Él también partió dos años atrás. Los sacerdotes de Abel lo ajusticiaron...

- Me llegaron rumores sobre ello... imagino que los hizo llegar mi propio hermano...

- Estás en lo cierto.

- Mucho ha tardado en completar su plan. Pero lo que no imaginaba es que alegara que nuestro pueblo había abandonado a Dios. Y mucho menos que Él sería su representación en la Tierra. Su afición al teatro ha llegado a unos niveles extraordinarios.

- Y el nuevo credo que representa está alcanzando lugares remotísimos.

- Aquí ya hay muchos que le siguen. Tendré que abandonar el lugar. O dejarme apresar por Él. Pero algo me dice que quieres que haga algo por Set.

- Sí, me gustaría que te lo llevaras contigo.

- Entonces... Eso quiere decir que Abel todavía no está seguro de cómo proceder. Tengo tiempo. Puedo salvar a mi familia... a mi joven hermanito... ¿Pero a tí qué te pasará?

- Seré la encargada de frenarlo.

- Y contarás con la ayuda de Rafael y Miguel.

- Hasta que les sustituya. O les ajusticie. Pero tendrás tiempo de sobra con tal de realizar las maniobras que consideres oportunas.

- ¿Y tú, hermano mío? ¿Qué es lo que quieres saber?

El joven permaneció impertérrito. Aunque Caín adivinó que estaba midiendo las palabras de lo que iba a comentar. Y algo le decía que iba a ser parco en palabras, al igual que su padre Adán. Lo que no esperaba era que su voz tuviera el mismo dulce tono de su madre.

- Quiero... quiero que me cuentes cómo fuiste expulsado.

- ¿Seguro?

- Sí...

- ¿Algo más?

- El porqué de que estés vivo cuando dicen que fuiste asesinado porque ideaste un complot...

- ¿Eso dicen?

- Sí...

- Bien, pero demos una vuelta. Necesito ordenar la cabeza. Eva, nuestra madre, estará protegida. No te preocupes. Vamos...

***


En silencio, y mientras iban acortando la distancia entre ellos a la par que caminaban, llegaron a la orilla de una de las playas habidas en aquella parte que acariciaba el mar Rojo. "¿Ves aquella colina de allí?", señaló Caín.

Set dirigió su mirar al lugar. Le pareció ver las ruinas de una vieja aldea. Y que esta, en su momento, fue un sitio muy acogedor.

- Sí.

- Allí vivió Lilith. Ahí fue feliz. Nuestra madre trató de reconstruir el pueblo en honor a ella, pero Adán descubrió sus planes. Volvió a asolar la zona. Todas las personas que participaban en ello fueron masacradas.

- ¿Hizo algo El Primero por evitarlo?

- Sí. Aunque oirás que no. Mandó a sus emisarios. Y él también habló. Igual que con Lilith, lo hizo representando la personalidad de Adán. Pero no lo comprendieron. Como siempre, quedó como el malo de la historia. Siempre estuvo atado de manos a los caprichos de Adán. Era la única manera que encontró con tal de que la gente lo conociera. Los pocos que lo entendieron escaparon. El resto... bueno, tienes un ejemplo de ello con lo que ahora está haciendo.

Set apretó con fuerza la mandíbula a la par que hacía lo mismo con sus puños. Unas finas lágrimas comenzaron a surcar su rostro. "¿Qué dice la gente del lugar sobre Lilith?". Caín posó su mano sobre el hombro izquierdo del joven.

- Ellos nada. Todos los que la conocieron fueron borrados. Hay dos leyendas. Y una de ellas versa sobre lo puro, solidario y desinteresado de su corazón. Pero son pocas las personas que la conocen. Está imponiéndose la versión que te habrán contado. Pasará a la historia como un demonio cuando lo único que pretendía era ser ella misma.

- Ya...

- Entonces, ¿quieres saber qué es lo que pasó entre nuestro hermano y yo?

Set pareció dudar. Seguía observando el lugar en el que estaban los restos de la aldea. Unas extrañas sombras parecían moverse en ella...

- Ahí hay algo...

- Sí, nuestra madre nos observa de lejos. Son Miguel y Rafael.

- ¿Cómo?

- Llevan siguiéndonos desde que dejamos la cabaña.

- No sabía que estuvieran aquí... ¿No sienten remordimientos por todo lo que ha pasado?

- Les quema por dentro.

- ¿Y por qué no hacen nada?

- No pueden. Saben que su suerte está escrita. Y están esperando a ella...

- Creo comprender...

- Bien, ¿te cuento la historia o no?

- Sí, por favor.

- De acuerdo... vamos allá.

***


"No sé cuándo fue que Abel comenzó a anhelar el trono para sí. Pero siempre supo que yo hubiera dado lo que fuera por no tener que ocuparlo. No era cuestión de que me pudiera la responsabilidad. Era que me enamoré de la vida humilde de la gente que estaba por debajo nuestro. Lo hice cuando a los ocho años nos mandaron a vivir con lo que llamaban vulgo. Formaba parte de nuestra educación. Entonces comprendí que no tenían nada de diferente a nosotros. Quería ser igual que ellos. Y eso me partía el corazón. Nunca entendí, y sigo sin hacerlo, el porqué de que tuviera que ser superior a alguien sólo por el hecho de nacer en determinada familia. Ni por qué otros quieren o desean esa posición.

"Y esto sacaba de quicio a Adán. En cuanto lo descubrió hizo todo lo posible por hacerme ver lo equivocado que estaba. De lejos, Eva y el Primero observaban en silencio. Sabían lo que en mi corazón sucedía. Lo que en él estaba moviéndose. No podían hacer nada. No les estaba permitido. Y Abel disfrutaba. Incluso alimentaba mi sentir. Solía informarme de lo que sucedía entre la gente corriente. De sus alegrías, juegos, penas, dolores, su día a día... Me traía regalos: vino, comida, artilugios,... todo con tal de que mi alma sufriera por aquello ante lo cual me alejaban.

"Fue pasando el tiempo. Y mi interior seguía igual. Inmutable. Antes de cumplir 18 años, a un mes de ello, me comunicaron que debía pasar un ritual. Ello con tal de purificarme. Era el trámite que precedía a anunciarme como sucesor al Trono. Y eso me extrañaba. El Primero seguía con vida y su lugar lo ocupaba Adán. Desde entonces, una sonrisa estuvo siempre presente en su rostro. Y en el de Abel también. Sobre todo cuando me consolaba. Decía que estuviera tranquilo. Que llegado el momento podría renunciar. Pero no. Aquella no era la forma correcta. Quería que mi vida fuera tal y como yo la eligiera. Que no fuera un títere a manos de otros. Y poco a poco me fui dando cuenta de que así había sido desde que nací. Además, sospechaba que no podía decírselo a nadie. Aunque estaba convencido de que lo sabían. O lo intuían.

"Por lo tanto, y en medio de todos los preparativos de la ceremonia, decidí escapar. Ideé un plan, aunque no sabía dónde ir. Entonces me acordé de la leyenda en torno a Lilith. Fui a los archivos e investigué todo lo habido sobre ella. Ahí estaba todo lo que contaban. Pero también un pergamino que narraba una historia paralela. En él explicaban lo que realmente sucedió. Cómo murió. Qué fue lo que la hicieron. Lo cogí y guardé. Si quieres, cuando volvamos a la cabaña, lo podrás leer. Lo tengo a buen recaudo. También hice copias y las puse en circulación. No sé si restaurará su nombre, pero siempre habrá alguien que sepa la verdad. Aunque sean pocos. Creo que al Primero le atormentaba lo sucedido. Y lo mandó dejar ahí con tal de que algún día lo leyéramos. Para que supiéramos la verdadera naturaleza de Adán.

"Llegados a este punto, has de saber algo sobre nuestro hermano, sobre Abel. Lo único que le gustaba del «mundo mundano», así llamaba a la gente, eran sus fiestas. Un par de veces a la semana solía salir de noche. Lo hacía disfrazado. Y además de buscar el desenfreno era un enamorado de las peleas. Siempre buscaba la mínima oportunidad con tal de iniciar una. Incluso, se valía de lo que nos habían inculcado hacia las batallas. Era el guerrero más temido del reino. O por lo menos tenía esa fama. Gabriel, Miguel y Rafael le superaban. También Adán. Y qué decir del Primero. Pero su inquina era tan grande que nunca osaba retar a estos dos últimos. Esperaba su oportunidad. Y esta llegó un día cualquiera. Y yo, como de costumbre, tuve que ir a buscarle a petición de Eva. Su rostro oscuro en aquellos momentos ni ahora lo podría describir.

"Le rodearon entre cinco. Lo vi desde las sombras. Siempre hacía lo mismo. En cuanto se pasaba de la raya le agarraba y me lo llevaba. Solía agachar la cabeza fingiendo avergonzarse. Por nada del mundo pude llegar a intuir que tramara algo en contra mío. Ni que usara eso en mi contra. Pero aquella vez algo fue mal. Estaban ganándole. Los golpes iban y venían. Acabó en el suelo. Tuve que intervenir antes de tiempo. Pretendiendo defenderle, acabé matando a dos de ellos. Mi cuerpo entero temblaba. Vomité al saber lo que había hecho. La educación guerrera que nos dieron era inmisericorde. Era perfecta muy a mi pesar.

"Cuando quise darme cuenta, las tornas habían cambiado. El que estaba rodeado era yo. Era la Guardia Real. Me detuvieron mientras veía cómo se llevaban a Abel. No dije quién era él. Ni siquiera quién era yo. El Primero no lo hubiera permitido. Acabé en el calabozo. Entonces, los golpes los recibí yo. Fueron los carceleros. También los reclusos. No recuerdo el momento en el que la conciencia me abandonó. Pero sí que al despertarme Abel estaba a mi lado. También Adán y El Primero. Aquel al que creía haber salvado sonreía. Y su timbre era malicioso. Reflejaba satisfacción. Mientras mi mente iba asentándose lo comprendí. Lo había orquestado él. Había planificado todo aquello. Sólo era alguien que pagaría los platos rotos. Pero esto tendría sus matices. Y me los diría en compañía de ellos dos.

"El Primero tenía la mirada ausente. Algo me decía que sabía que todo acababa de echarse a perder. Adán mostraba un rostro frío. Y eso solamente sucedía cuando algo salía como a él le gustaba sin haber tenido que tomar partido. Sin mover las piezas. Nada dependía de ellos. Todo estaba bajo la batuta de Abel.

"- Hermano. Tienes que irte. He tenido que matar a dos personas que habías mandado a acabar conmigo. ¿No te da vergüenza? Pero estate tranquilo. Aunque tu nombre vaya a estar manchado podrás llegar vivir en paz. Y podrás hacerlo por el amor que Eva te tiene. Madre no esperaba esto por parte tuya. Ahora sabe de la naturaleza que gastas. Marcha. Es tu última oportunidad.

"No dijo nada más. Dejó el calabozo y no lo volví a ver. Lo mismo pasó con Adán y el Primero. Y el sonido de los llantos de Eva escondida en algún rincón. Y ya ves. Yo lo maté y he vagado desde entonces como castigo. Aunque tengas dos sobrinos y guardes el corazón deshecho de la que te dió la vida.

"Desde entonces me han llegado rumores. Noticias. A veces los traía el viento. Otras veces emisarios. Demasiados funerales han habido desde entonces. Pero he visto crecer a mis hijos. Ojalá Abel te de un sobrino algún día. Ojalá nos lo de. Ojalá veas correr la inocencia. Ojalá sepas lo que es que te abrace una sonrisa pura. Sin la maldad que corrompe al mundo. Ojalá...

"Si hay tiempo te presentaré a tus sobrinos. Y a Magdalena, mi mujer. Pero tenemos que regresar. Eva tiene que estar impaciente. Y tú rumiar todo lo que te he contado. Debes aligerar la cabeza y leer el pergamino que guardo. Así que no digas nada. Sólo mantente en silencio. Incluso si escuchas la conversación que mantendremos ella y yo. Hace mucho tiempo que no lo hacemos. Y aunque no rememoremos los días antiguos... tenemos alguna que otra cosa que poner sobre la mesa.

"Eso fue lo que pasó. Lo que sucedió. Tendría que haber sido más concreto en los detalles, pero por ahora es más que suficiente. Ha sido demasiado por encima. Aún así te habrás hecho una idea. Si tenemos la oportunidad, seré más detallista".

***


Set no dijo nada en todo el trayecto de vuelta. Estaba sumido en sus pensamientos. De vez en cuando levantaba la mirada y distinguía las figuras de Miguel y Rafael. Todavía seguían sus pasos. Y resultaban ser bastante eficientes en su labor. Sí, la educación de sangre y fuego del Primero obtuvo sus frutos correspondientes. Y sin saberlo lo describía igual que Lilith lo hiciera en su momento. Aunque ella lo llamara "El Padre".

Continuaron avanzando hasta ver la cabaña. En su puerta, Eva les esperaba. Saludó con la mano. Al llegar, los besó. Pero no dijo nada. Con un gesto invitó a Set a que entrara. Y le señaló un pergamino. Caín sonrió. El joven entró y lo abrió. Comenzó a ojearlo. "¿Dónde parlamentaremos?, preguntó la mujer.

- ¿Lo has leído?

- Sí.

- Bien. Sígueme.

Y lo hizo. Fue detrás de él hasta entrar en otra. "Es la de mi suegro", le confesó. "Por favor, siéntate".

***


Pero antes de ello la abrazó con fuerza. Y acarició su rostro. El corazón de los dos frenó durante un par de segundos. Ambos lo notaron. Sabían de sobra lo que iba a suceder. A pesar de ello, el calor de ambos comenzó a ser un frío catártico. Pero no era por indiferencia. Mucho menos por la ausencia de amor. Era debido a la certeza. A que seguían conservando el instinto frente a lo que se avecinaba. Fue íntimo. Igual que cuando ella lo acunaba sobre sus rodillas. A cuando él trataba de consolarla por algo que no comprendía. Era algo que sólo la sangre más cercana puede explicar.

Caín hizo un gesto de disimulada indiferencia. Eva también. Volvieron a mirarse. Fueron un par de segundos. Pero recuperaron tantos años de ausencia... "Sabes de sobra que Miguel y Rafael acaban de morir mientras cumplían con su deber", soltó Caín. Esas palabras contenían el verbo de lo que está escrito antes de ser nombrado.

- Sí, y tú también. Al igual que Set. O yo misma.

- ¿Entonces por qué nos deleitamos dejándole que lea los manuscritos?

- Tal vez para que Abel tenga la seguridad de que habrá alguien como nosotros. Que por mucho que Set fuera a ocupar su lugar siempre habrá alguien que esté enfrente suyo. Aunque sólo sea con tal de recordarle que no tiene la verdad absoluta. Que las cosas no pueden ser como él quiere...

- Pero ya está muerto...

- Sí... Y nosotros también...

- Set se ha encargado de ello...

- No, ha sido el propio Adán... Comprendió que la única forma de pasar a la eternidad era siendo un mártir... Esa es la única manera de que le recuerden...

- Va a alterar toda la historia....

- No, ya lo ha hecho. Y su triunfo ha alcanzado la meta en cuanto Set ha visto el pergamino...

- Entonces... el muchacho no sabía nada.

- Quizás... pero el poder es contagioso. Dale a una persona una parcela de él y sabrás cómo es realmente...

- Pero hay algo que no comprendo. Si todos estamos muertos... ¿quién nos mata? Me refiero de forma física...

- El mismo pueblo...

- ¿Cómo?

- Se han cansado, hijo mío. Pero no pueden asumir la culpa. Eso de convertirse en el verdugo que le subyugaba... nadie puede soportarlo. No lo veremos. Pero tú serás el malo de la historia. Yo la persona que vuelque el mal sobre el mundo. Otros los damnificados. Y el que más sufrió no llegará a ver cómo su mensaje fue alterado, prostituido... violado... Es la naturaleza humana. No te preocupes por ello. Descansemos...

- ¿Y mis hijos? ¿Qué pasará con ellos y mi esposa?

- Tendrán su lugar en la historia... Pero en otro contexto. En otro lugar. Siempre hay profetas a los que escuchar y, por desgracia, adorar... Ellos tendrán su lugar correspondiente. No te preocupes. Aunque tengan que transcurrir más de 2.000 años... su imagen será restaurada...

Caín trató de mantener la compostura. Casi desmayó. "¿Están a punto de llegar, verdad?", preguntó. Y lo hizo igual que cuando era un niño pequeño. Toda la fragilidad de aquel entonces emergió de repente. Y la de Eva también. Sólo que la de ella era aún mayor que en aquellos días. Cuando veía a sus hijos corretear y el terror por no saber responder ante su crecer la paralizaba. Era infinitamente superior.

- Sí, así es. ¡Qué curiosa va a ser esta rebelión de la cual depende el futuro de la humanidad!

- ¿Nos volveremos a ver?

- Quién sabe...

Justo entonces, cuando pronunciaron esas últimas palabras, una turba de personas entró en la cabaña. Portaban las seccionadas cabezas de Set y Abel. La de este mostraba un gesto de sorpresa. De resignación. Como si al final hubiera comprendido todo. Los próximos trofeos serían el reflejo de las almas de Eva y Caín...

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