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Mostrando entradas de abril, 2025

EL QUIZÁS DE LOS DÓNDE Y LOS QUÉ

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Dónde guardarán la noche durante el día... Quizás en un viejo arcón que su polvo pierde por cada vez que es abierto. Dónde quedarán las fantasías no escritas... Puede que en un viejo libro con sus hojas verdes por ser todavía algún árbol. Dónde cantarán las canciones calladas... Podría ser que en un frío salón desnudo de muebles y sordo a cualquier sonido. Dónde quedaron los poemas de aquel poeta que decidió no volver a escribir por sólo recibir burlas. Dónde guardaron las risas del humorista que lloró  al no poder sentir  un solo aplauso a su vena.  Dónde quedaron las flores en la guerra cuando el verbo del florecer vería la metralla germinando. Dónde quedaron las aguas en la sequía cuando muchos la convierten  en simples objetos de sus recreos.  Qué fue de las nieves que se vieron en verano.  Quizás alguien guardó un poco y decidió conservarlas como un recuerdo importante. Quizás lo hiciese con el Sol y una de sus grandes llamas que alcanzan nuestros pais...

LO QUE ESCONDE LO TRIVIAL

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Qué será lo realmente importante... Y qué es lo realmente diferente... Quizás algo guardado en un cajón. Quizás algo en la añoranza. Qué será lo que realmente vale... Y qué es lo realmente indiferente... Quizás el mismo calor de un fuego por su calor y su calma. Y dónde se nos van los recuerdos si en la memoria no quedan guardados mostrándonos edades. A dónde se nos marchan los pasos si los suelos no les guardan a través de caminos brillantes. Cómo han de ser nuestras pieles si no sintiéramos las cosquillas. Cómo es una voz que ruge estando su fuerza enmudecida.  

EL DIABLO Y LA GENTE QUE NO SABÍA REÍRSE

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El Diablo vino a mí. Y lo hizo... lo hizo con un ramo de flores y vistiendo sus mejores galas. Decía decir que tenía algo que contarme sobre los corazones y mi alma. El Diablo vino a mí. Y lo hizo con una sonrisa radiante y vistiendo su mejor mirada. Decía decir que tenía algo que obsequiarme en el misterio de la sorpresa. El Diablo me invitó a sentar. Y sacó una caja de regalo. Y mirándome a los ojos dijo: "Si quieres puedes abrirla". Pareció disfrutar del silencio. "No te preocupes, tu alma me pertenece, no va a cambiar nada". Con sus manos acercó el objeto. "Vamos, ábrelo, pues nada te podrá hacer sin que yo le diga". Era pequeña la caja, pero parecía emanar un calor.  "Si dices que ya te pertenezco...  ¿por qué debería de abrirla?" El Diablo dijo que no cambiaría nada, aunque podría sucumbir a la tentación sin que me afectase. Tenía sed, y bebí un poco de agua con tal de tranquilizarme. También su mirada aparté con tal de centrarme en otra co...