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El marchitar de El País de Nunca Jamás

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- Todo pasará rápido, pero antes debes comprender algunas cosas. Aquella voz... le resultaba conocida. Era ronca y masculina. Intentó distinguir la figura de la cual provenía. Esta estaba entre las sombras mientras ocupaba una pequeña silla. Aun así, la cabeza le daba vueltas. Poco a poco fue recordando el golpe que recibió en la cabeza antes de perder el sentido. Estaba tomándose un whisky tras llegar del trabajo. No había nadie. Los críos estaban en la universidad. Y su mujer, Moira, había fallecido hacía medio año a consecuencia de un infarto. Lloraba mientras apoyaba su cuerpo sobre el fregadero. De repente, le tocaron el hombro. A continuación, vino el testarazo. No sabía con qué había sido. Lo último que pudo distinguir fue que, sobre el piso, el vaso estaba moviéndose de lado a lado mientras la bebida lo rodeaba. - Está todo seco. Perdido por la inacción de las almas de Los Niños Perdidos. Al pasar unos años decidieron seguir tu camino. Regresar al mundo material. Y, al igual qu...

EN SU DISFRUTAR DEL CAOS

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Decía disfrutar de los desastres,  pues en ellos encontraba vida. Que no gustaba de lo fijado, pues esto no le dejaba margen con tal de poder disfrutar del Caos alejándose de la rutina. Menos gustaba de lo marcado, pues esto no permitía poder ver más allá de los establecidos clichés en el dominar de los días.  Decía que respiraba paisajes,  pues con ellos su corazón latía. Y solía quedarse ensimismado con aquello que pasaba por su mente mientras el rato rondaba. Podía ser a la mañana o cuando tomaba un café por la tarde sin tener que leer un periódico. Aunque soliera gastar los ratos entre sus páginas cuando sus quehaceres  le volvían a la realidad.  Entonces regresaba con su abstraer buscando su necesidad de paz.  Aunque también gustara del mundo, y es que lidiaba con el desastre que una vez hubo surgido del Caos al ser el Orden la única pauta.     

En el salón tras su jornada de trabajo

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Llegó a casa. Sólo quería descansar. Tumbarse en el sofá y beber una cerveza mientras picaba algo estando la televisión puesta sin prestarle atención. Fue a la sala y tiró los bártulos del trabajo sin darles importancia. Ansiaba deshacerse de ellos. Dejar atrás el estrés del día recorriendo cada vivienda en la que había estado haciendo realidad cada sueño de los niños que solicitaron su presencia. En total, fueron más de 200 en aquella jornada. Y, viendo la cantidad de dientes que recogió, calculó que podría sacarse una buena "pasta". Al fin y al cabo, era una pequeña maldición el tener que venderlos después por su peso. "Gajes del oficio", elucubraba tratando de darse ánimos. Pero en cuanto cayó sobre el sofá notó algo extraño. En la mesita que tenía frente a él había una nota escrita a mano. Y parecía estarlo por las dos caras. ¿Cómo llegó ahí? ¿Quién la mandaba? El nerviosismo fue haciéndose presente en su cuerpo. Trató de tener calma la mente. Pensar con clarida...

El mutante

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16/IX/2020 Miraba pasmado su rostro reflejado en el espejo de aquel pequeño cuarto de baño. Estaba blanco. Blanco debido al asombro de comprobar la forma en la que se acentuaban sus negras ojeras al contraste que ocasionaba el matiz que le daba el tono que había adquirido. Se pasó la mano por ella. De arriba a abajo. Lo hizo con el fin de comprobar que lo que veía era cierto. Sus ojos marrones se abrieron de par en par cuando descubrió las dos membranas que salían desde detrás de sus orejas. De estas parecía provenir un aceitoso líquido que era pegajoso y al que podían adherirse los pequeños objetos de tela. Pero, al tocarlo, era suave y esponjoso entre sus dedos. No desprendía ningún olor y las membranas, que tenían la forma de las placas de una nave espacial, podían abrirse y cerrar. Ocultarse ante la visión de los demás. Tampoco podía observarse ningún tipo de marca que las delatara ante los de ellos. Excepto para él mismo. Se volvió a pasar la mano por la cara de la misma manera en...

LAS FUENTES DE LOS SUEÑOS

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Bebo de la fuente de mis sueños. Y ojalá nunca terminen. Será que por ello no creo en las navajas, mucho menos en el rugir de las bombas al ir impidiendo beber los sueños al irse estos secando. Son sueños de mi propio camino. Espero que nunca cesen. Será que por ello no creo en las fronteras, mucho menos en el negocio que brota al ir convirtiendo gentes en la mercancía de su mercado. Y sí, también creo en el amor y en el calor que en él vibra. Además, es capaz de montañas mover sin necesidad de alterar los paisajes. Será que no creo en los que adjudican las personas a tener al lado argumentando que es lo que más conviene. Será porque estos en contrarios convierten a las mismas aguas de los lagos que calman la sed de las personas. Y no, menos creo en el rencor ni en esos que lo alimentan. Y es que estos pueden las montañas deshacer  mientras van forjando paisajes inertes.  Bebo de la fuente de mis sueños. Y a nadie estos le competen. Así que no los censuren, porque no vendo nin...

LOS POLOS

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 13/X/2021 Curioso... ya que ese nudo da vueltas igual que un torbellino dirección a las agujas del reloj ubicado en el Norte. Extraño… en su condición natural transita los caminos en prados de hierva rojiza al albor de los horizontes. Cambiados fueron los Polos… o quizá así siempre estuvieron… mostrando esas estrellas dictando cuáles veredas coger. Estupor en los viajeros… sorpresa ante la constatación de un mundo en que la Luna es el Sol entrando al anochecer. Cambiados… o solapados ante la burbuja que da calor en estío y luego canta hacía el frío cuando está en su florecer.

EL LATIDO DE LAS FOTOGRAFÍAS

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Hay fotografías abrazando la poesía. En ellas el tiempo se detiene, ya sea en lo bueno o en lo malo. Estas guardan el corazón... y desastres sin ser naturales. Disponen de todo el poder de la poesía. Igual que ellas, pueden ser atemporales, mostrar las esperanzas del individuo y cada sueño que suele rondar dentro de las cabezas más locas.  Incluso de los momentos más normales, de los recordados al pasar el tiempo por suponer una circunstancia que en su día no cosechó importancia. Con ellas la tristeza puede aparecer, hasta hacer desaparecer los olvidos apartados en una mochila deseando volver a ser abierta.  Algunas hasta son lamentadas porque llegaron a ser quemadas... O rotas al surgir la rabia y el enojo al volverse estos presentes llenando los recipientes. Y muchas alimentan las almas en el mostrar de las esperanzas... Son las que dan las fuerzas y los cobijos al brotar turbios instantes  haciendo germinar flores.