EL MIRAR DE LAS ESTRELLAS FUGACES
El Diablo me observó.
En su rostro estaba dibujada
la sonrisa del sonriente
y el calor de los amables.
Me dijo que mirara las estrellas fugaces,
ya que frenarían en seco.
Después, seguirían con su camino.
"Si te lo dice Dios, no las mires,
pues quedarán atascadas".
Acto seguido, el Diablo se esfumó.
"Vaya, veremos si caso me haces":
¿era Dios el que me hablaba?
"Míralas y pide todo lo que desees",
soltó desde su mandato.
Seguí mi camino
mientras Dios expresaba su Furia.
No me voltee para verles,
y mis oídos también tapé.
Pero imaginé las estrellas fugaces.
Y no pedí ningún deseo.
¿Por qué debería de hacerlo?
Con su belleza ya tenía suficiente.


Comentarios
Publicar un comentario