EL VIOLÍN QUE QUEDÓ GRABADO
El violín terminó perdiéndose.
Y con él, sus notas y melodías;
ese calor que profesaba (y la pasión).
Pero sus raíces quedaron.
Enraizaron en la sangre
y florecieron en la piel.
Quedó grabada su seña.
Fue mucho más que un recuerdo.
Traspasó generaciones,
también épocas y edades.
Y en las noches alumbraba.
Su calor (y pasión) fueron testimonio:
legado perdurando por los días
(una presencia más que constante).


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